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8M: bitácora (posible) de los feminismos | Por Prof. Alejandra Pistacchi

Actualizado: 6 sept 2019


Si es palabra o ruido, como dudaban los romanos frente a los plebeyos, que venían no sólo a hablar una lengua incomprensible sino el idioma intolerable de la rebelión. ¿Quién decide si es palabra o ruido?

María Pía López, “Banquetes, cautivas y revoluciones”, en Desierto y nación I. Lenguas, Caterva, 2017.

[La Historia] Sólo en función de la vida interroga a la muerte.

Lucien Febvre, Combates por la Historia, Ariel, 1982.




Hace unos años, un grupo de trabajadoras de la educación secundaria en Historia coincidimos en inquietudes y proyectos que emergieron de la propia práctica docente y la militancia de la ESI en nuestros territorios. En tal sentido, consideramos que impelía la producción de materiales pedagógicos que, desde el análisis historiográfico, abrieran camino a la socialización de las reivindicaciones de género y la visibilización del activismo político de quienes lucharon por denunciar y terminar con la opresión, discriminación y vulneración propias del sistema patriarcal heterocisnormativo.


En esta senda fue editado en 2018 Género, memoria e identidad. Historias de las trabajadoras de la carne del Swift Rosario (1930-1944). Propuesta que gira en torno al análisis de las representaciones, imaginarios y memorias acerca de la feminidad, el trabajo fabril y el activismo gremial entre 1930 y 1944, y que analiza específicamente el caso del frigorífico Swift de Rosario-Villa Gobernador Gálvez. Nuestro trabajo busca ponderar la experiencia histórica de las mujeres trabajadoras, visibilizar su participación en diversos conflictos gremiales y las tensiones que se crean en torno a los imaginarios hegemónicos sobre el rol de la mujer y la existencia material de las mismas.


El imperativo legal estipulado en el marco nacional enuncia la educación sexual integral como un derecho humano. Ahora bien, ¿qué hace de la historia de las mujeres del Swift una historia a ser interrogada? La promoción de interpretaciones del pasado que reivindican el protagonismo femenino apuntalan la construcción de nuevas miradas en torno a problemáticas que persisten en el presente en pos de la construcción de una mayor equidad social. De la colectivización de las producciones de historia de mujeres, análisis de género, fuentes orales y documentales germina el análisis y la reflexión en torno de categorías analíticas como género, cuerpo, identidad, roles y esferas de acción, memoria, estereotipos, clase, raza, militancia, entre otros.


¿Por qué asumir el desafío de conjugar el trabajo docente asalariado en las escuelas medias –su especificidad horaria y espacial– con la producción de materiales disciplinares para la enseñanza? El proyecto halla sus raíces en la percepción del trabajo docente también como producción de contenidos y desarrollo investigativo de y para la docencia. En este sentido, propusimos entender el libro y su producción como una herramienta de aprendizajes múltiples en nuestro territorio de trabajo y, al mismo tiempo, hacer colectiva una búsqueda, alimentar lazos sororos, sobrellevar miedos y afectaciones, compartir los interrogantes y contagiar inquietudes.


Radiografía del trabajo femenino


Un sinfín de expresiones dan cuenta del accionar político de las mujeres: relatos de viajeros, memorias, cuentos y novelas, canciones, informes oficiales, estadísticas, fotografías, materiales audiovisuales. Desde Juana y sus milicias derrotando a los realistas a Eva sosteniendo por radio la campaña por los derechos políticos de las mujeres; desde Mariquita Sánchez de Thompson y las reuniones revolucionarias a la minifalda y la píldora; desde la pobre obrerita que nunca tuvo novio del tango hasta Virginia Bolten interviniendo como oradora en el primer acto del 1° de Mayo en la Argentina en 1890; desde la suspensión de tareas anunciada por las maestras al gobernador de San Luis en 1881 a la conquista de la titularización póstuma de Vanesa Castillo, docente y madre santafesina asesinada luego de denunciar al abusador de una de sus estudiantes de 12 años; desde Taki Ongoy a la lucha por la absolución de Moira Millán; desde la Huelga de Inquilinos de 1907 donde mujeres y niños corrían a escobazos a los oficiales estatales impidiendo desalojos y denunciando la usura de los alquileres hasta el pasaje de la casa a la plaza de nuestras Madres y Abuelas, o la organización de las ollas populares de las piqueteras de Cutral Có y Plaza Huincul; de las planchadoras en huelga en 1871 a Doña María Roldán, trabajadora de la carne que participó en la organización del Partido Laboralista y la campaña a la Presidencia de J. D. Perón; la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito; el movimiento Ni una menos y la construcción del 8M como paro internacional de mujeres. Entre todas estas acciones rescatadas en letra o imagen existe, promisoriamente, una cantidad inconcebible de intervenciones mínimas, cotidianas, anónimas que impulsan la revolución en las calles, las casas y las camas.


Como es sabido, Marx desarrolló sus análisis del proceso histórico que creó las condiciones de existencia del capitalismo y resignificó el concepto de acumulación originaria. Ligó el surgimiento del capitalismo a un devenir de desposesión y expulsión del campesinado de la tierra e incluyó también el tráfico de esclavos y la colonización de América. Sin embargo, Silvia Federici en su Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria llama la atención en relación a la dinámica de expropiación social dirigida sobre el cuerpo, los saberes y la reproducción de las mujeres, materializada en la caza de brujas europea y la persecución y enjuiciamiento a nuestras mujeres nativas. Así, el acecho, la violencia y el acoso a las brujas santificó la supremacía masculina y fundó el temor a ellas acusando su poder de destrucción y debilitamiento. Se erigió con fuerza la domesticación y normalización de las mujeres a partir de la separación entre procesos de producción y procesos de reproducción que implicaban, a su vez, una separación física de lo social, la de las esferas de acción según el sexo: trabajo femenino doméstico no asalariado y producción asalariada masculina de mercancías.


La división sexual del trabajo implicó una valoración diferencial, jerarquizada, que subordinó a las mujeres. Ello tuvo su correlato en el empleo remunerado: recibimos salarios más bajos, la incorporación al sistema laboral se produce en condiciones de inestabilidad e inferioridad y en contextos de crisis y repliegue de la estatalidad la pobreza se feminiza.


En su último trabajo, El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo, Federici avanza en el análisis sobre una nueva forma de patriarcado, hacia 1860-70, con la introducción del salario familiar obrero provisto por el trabajador masculino. Acuña el concepto de “patriarcado del salario” para describir la creación de una nueva jerarquía: “el varón tiene el poder del salario y se convierte en el supervisor del trabajo no pagado de la mujer” creando una relación de desigualdad donde la violencia está siempre latente. La institución que sostendrá estas formas vinculares es la familia nuclear, modelo contra el que las feministas en los sesenta y setenta lucharon incansablemente. Así, la familia garantizó dos cosas –dice la autora: un trabajador explotado pero que tiene una sirvienta, gracias a lo cual se conquista la paz social y se evitan rebeliones, como las del cartismo, sindicalismo, comunismo y, por otro lado, que se sostenga la desigualdad de género y la distribución de las tareas como condición de posibilidad, entonces, de un trabajador más productivo.


El paro internacional de mujeres


“Paramos porque todes somos trabajadoras y trabajadores; somos la clase contra la que va el capitalismo en el mundo, el neoliberalismo en nuestra región y el macrismo en nuestro país, mediante el avance de la derecha y el imperialismo en toda nuestra América Latina”. De este modo se inicia el documento leído en el acto del último 8M y, además de reivindicar nuestra condición trabajadora, denuncia la avanzada capitalista, enarbola una identidad internacional y destaca la especificidad latinoamericana.


Este documento esgrime un énfasis particular en la historización de las luchas: “somos parte de una historia colectiva e internacional”, “recogemos la historia de todos los paros históricos del movimiento feminista y la hacemos nuestra”. Y también: “Hoy levantamos la fuerza ancestral colectiva de nuestra diáspora libertaria: cumbes, palenques, cimarrones, quilombos. Hoy homenajeamos a María Remedios del Valle, conocida como madre de la patria, a quien reivindicamos como heroína de las luchas por la Independencia. Reivindicamos también a la compañera Virginia Bolten, luchadora obrera y constructora de las organizaciones sindicales combativas de principios de siglo pasado, que lideraron heroicas luchas de la clase obrera contra la patronal y el Estado. Estamos acá porque nos precedieron las luchas protagonizadas por las resistencias de mujeres indígenas originarias sustraídas de sus territorios y la de mujeres africanas traídas por la trata esclavista y sus descendientes negras y afroargentinas; las luchas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, por les piqueteres, por las mujeres, lesbianas, travestis, trans y personas no binaries, gordes e intersexs organizades.”


Irrumpe, así, la pregunta por la Historia o por la función social y política de la Historia. En un contexto de neoliberalismo, pobreza y hambre, exacerbación del punitivismo y la represión, neofascismo, crímenes de odio, femicidios, ¿por qué los feminismos acuerdan un documento que reivindica la historia? ¿Quién decide si es palabra o ruido? La voluntad de historización del documento del 8M desnuda la avidez patriarcal por la decisión de qué es ruido y que palabra. La producción de una historia común de resistencias crea un vaivén generacional que construye conciencia histórica y nutre el sentido de nuestras identidades feministas. En la medida en que la historia está en constante construcción, siempre nos es propia, encarna memorias y acciones.


Es en este sentido en el que apremia la construcción de una historia de divulgación y la producción de materiales para la enseñanza de la Historia que revivifiquen la letra de la ley de la ESI y que materialicen sus bases ideológicas contra todo vaciamiento planificado y ejecutado por el conservadurismo y/o el feminismo liberal.


¿Qué Historia nos habilita la emancipación más que la obediencia? La invisibilización de las mujeres, tortas, trans, indígenas, negres en el discurso historiográfico tradicional construyó obediencia y garantizó el orden hegemónico: patriarcal, heterocisnormativo, blanco, capitalista. La producción académica y de divulgación de los últimos años podría pensarse en sintonía con el crecimiento de los feminismos. ¿Existe una epistemología que dé cuenta de la potencia de los movimientos? ¿Una que promueva miradas y análisis estructural, que cree herramientas para afrontar los emergentes y problemáticas que anunciamos en nuestros manifiestos/ documentos? En eso andamos, en las calles, en las casas, en las camas… y en las escuelas.


Prof. Alejandra Pistacchi


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