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¿AIRES VENEZOLANOS EN AMÉRICA DEL SUR?| Por Federico Firpo

Actualizado: 6 sept 2019


“Nace un nuevo sol de América del Sur, un sueño está llegando, vientos libres y de cambio, es la paz que va a parir nuestro porvenir… Algo está por pasar, algo está por venir…” nos decía Capusotto dibujando uno de sus caricaturescos tipos ideales, mientras un tren se lo llevaba puesto de frente al cantar. No muy distinta es la figura que este artista nos describe si la comparamos con la actualidad de nuestra región.



Lejos quedó la Unasur y la América Latina de Patria Grande, ¡qué lejos estamos! Ni allí ni acá podemos hablar de Justicia Social. Salud, educación y vivienda bien supieron ser lemas y estandartes. Hoy, a la inversa, nuestras fronteras están al acecho contra el hambre. Más allá de los márgenes ideológicos que suponen separar a neoliberales de quienes se dicen revolucionarios, tenemos que señalar que, por ejemplo, tanto en Argentina como en Venezuela, reinan la desigualdad y la pobreza. Castas burocráticas militares, por un lado, grupos del Alto Empresariado, por el otro. Y a eso súmese la falta de un actor social empoderado para las clases trabajadoras: cese de convenios colectivos, pasando a ser moneda corriente la inflación por encima de los sueldos y, por lógica, que apenas alcance para sobrevivir con lo justo en ambas naciones.


En términos ilustrativos; Mar del Plata y el año 2005 en la anti-cumbre, con Néstor Kirchner, Evo Morales y el recuerdo de Hugo Chávez, a la cabeza, gritando: “ALCA, ALCA; al carajo…”, en pleno acto de lo que habría de denominarse “el ALBA”. Una segunda escena: allá por finales del año 2007, Kirchner y Chávez, con un mapa sobre la mesa, en vistas de brindar un pacífico vuelco a la problemática de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Una tercera, el líder bolivariano refiriéndose a su par argentino como “el D’ Artagnan de las Américas, espadeando contra el “Mr. Danger” G. Bush”. Tampoco habremos de olvidar al venezolano como el único Presidente en acompañar a Cristina Kirchner en el camino a sus pagos del sur, en Santa Cruz, pos velorio en la Casa Rosada (Néstor Kirchner, 2010).


Esas relaciones bilaterales que bien supieron ser estrechas, gracias especialmente a los términos democráticos que las hubieron de iluminar, han sido frenadas a la fecha. De cara a este invertido presente, conforme se filetean los arrestos que ponen en duda al Estado de Derecho, nos encontramos con que la pulseada estaría siendo ganada por los mandamases de las fuerzas improductivas, fieles soldaditos de arrabal, dispuestos a impregnar los sabores de triunfo con aromas norteamericanos. Hoy ligeramente el contexto nos envuelve en un plenario de puras y solas opiniones. Y así se han ganado elecciones presidenciales. Presidentes electos, ganadores a fuerza de contradiscursos del estilo: “vamos camino a ser Venezuela…”. Los datos, bien gracias.


Por eso cabe reflexionar una y otra vez sobre cómo se ha llegado a este verdadero giro geopolítico de 180º. Hipocresías de una democracia relativa nos ponen a mano un continente dividido, posando en las últimas horas sensibilidades de todo tipo, teniendo como eje los suelos que vieran nacer al Libertador Simón Bolívar. A raíz de la interrupción por parte de un grupo de las Fuerzas Armadas, sublevándose en medio de una insurrección que busca desconocer la legitimidad del Presidente Nicolás Maduro, en adición cuasi simultánea con la aparición de un líder político de oposición (Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional Venezolana –algo así como el Congreso para los argentinos–), que se autoproclama, con fecha del 23 de enero de 2019, como Presidente Interino de la República Bolivariana de Venezuela, lo primero que nos surge pensar, inevitablemente, es la comparación con similares sucesos, allá por el año 2002. En aquel entonces, secuestro de por medio, se pretendió, fallidamente, quitar de raíz (tumbar) la presidencia de Hugo Chávez. El pueblo salió a las calles en defensa de su líder. “Los secuestradores” no encontraron mayor opción que devolverle a la patria su abanderado.


La realidad es otra en los horizontes del primer cuarto de Siglo XXI, la Venezuela de hoy ya no es la de ayer. Los órdenes ideológicos se han desordenado al punto qué, podemos decir, el chavismo ya no es lo que era. El apoyo del pueblo ni siquiera es el mismo. La juventud es un actor fundamental en todo proceso revolucionario, y en los últimos años el número de jóvenes exiliados no para de crecer y crecer. Por eso cabe señalar que, a pesar del triunfo último en las elecciones presidenciales, el clamor popular nos deja la imagen de un líder celebrando prácticamente desolado y en solitario. No podemos dejar de advertir la preponderancia de un nuevo elemento en el raid del componente social de las protestas venezolanas, más precisamente, las clases populares en las calles. La búsqueda constante por el aislamiento a Venezuela, de cara al mundo, es tal. Asimismo, en lo concreto, se han resentido las relaciones internas, más allá de las abominables –y ya conocidas por nosotros– órdenes de tinte geopolítico internacional.


Esto no puede desviar nuestra mirada –y sentir– del siempre abrumador peso de la gallina del Norte y el petróleo como consigna, haciendo agua en las bocas de los babosos imperialistas, presentándosenos al igual que siempre y a lo largo de la Historia: con cuchillo y tenedor, a la espera del disfrute de toda desgracia ajena.


Como lo ha señalado en reiteradas ocasiones Miguel Ángel Barrios, sociólogo y politólogo que se especializa en geopolítica latinoamericana, en su momento cuando Chávez hablaba de “integración” se refería a “dar el paso hacia el sur en la cuenca del Plata” (https://kontrainfo.com/venezuela-una-mirada-desde-la-geopolitica-y-el-continentalismo-por-miguel-angel-barrios). Y en ese camino se dibujaron “anillos envolventes” en el período inmediato al posconsenso de Washington: Mercosur, ALBA, Unasur y CELAC se perfilaron con itinerarios integracionistas. Por ello, seguimos nuevamente a Barrios, es “inentendible la crisis geopolítica de Venezuela sin observar que es la frontera real con los EEUU, que el mar Caribe es norteamericano y que la confrontación geopolítica mundial en el Asia Pacífico con China y Rusia e Irán -donde está perdiendo en Medio Oriente en Siria- lo obligan a crear una Siria suramericana en América del sur para quebrar el continentalismo y apoderarse definitivamente de nuestros recursos naturales”. En ese sentido, señala el experto argentino, el problema que afrontamos como sudamericanos es ni más ni menos que una actualización de la doctrina Monroe:

“hoy se llama Venezuela y mañana puede ser Triple Frontera”.


Cambiamos nosotros. Los buitres, nunca.

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