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Antártida: turismo de elite encubierto



Por Natalia Flumian*

 

Hace más de dos siglos que la navegación marítima como ocio recibe a muchos turistas ansiosos por conocer nuevos destinos. En ese afán por llegar a nuevos lugares las compañías empezaron a construir nuevos cruceros transportando cada vez más pasajeros. 

Tanto la oferta como la demanda del turismo de crucero han evolucionado significativamente en los últimos 50 años a pesar de su competencia con el transporte aéreo, ofreciendo alojamiento y transporte en un solo lugar. Se destacan por su eficiente planificación y organización ya que “ningún barco pasa una noche sin turistas y nunca se navega sin pasajeros, inclusive, los movimientos de reposicionamiento al final de las temporadas, también son vendidos como un producto” (MARTINEZ, 2012).

En los últimos años la Antártida se ha convertido en una de las regiones preferenciales del turismo de crucero. Según un informe elaborado por Cruise lines internacional association (CLIA) la tasa de crecimiento media anual ronda alrededor del 16 o 20% en relación al número de camas y días en la región.

Para visitar la Antártida es preciso seguir las normas medioambientales establecidas que no siempre permiten el descenso a tierra “se trata más de un turismo de contemplación del paisaje y fauna antártica” (MARTINEZ, 2012).

La mayoría de las investigaciones actuales ponen el foco en los elementos a favor y en contra en relación a este tipo de turismo. Sin embargo, es preciso reevaluar esta situación y en su lugar pensar los efectos a corto y largo plazo. Si tenemos en cuenta un tipo de visión a corto plazo existen numerosas ventajas económicas, pero, si lo evaluamos a largo plazo ¿esas ventajas lograrán reparar los daños medioambientales del turismo en la Antártida?

Antes de profundizar en esta cuestión es preciso conocer cómo se llevan a cabo estas expediciones.

El viaje comienza por lo general desde la ciudad de Ushuaia que se ubica a 1000 km del continente Antártico y dura aproximadamente entre 10 y 12 días. La temporada comienza en noviembre y finaliza en Marzo “las principales actividades que se desarrollan en la Península Antártica son paseos en tierra, en zodiacs, kayakismo, caminatas sobre hielo marino y visitas a estaciones científica. Mayoritariamente, la demanda de estos recorridos está compuesta por turistas mayores de 50 años, con predominio de nacionalidad estadounidense (50%), alemana (13%) y británica (12 %; OMT, op. cit.)” (MARTINEZ, 2012). Los cruceros suelen visitar distintos destinos, es así que a lo largo de esos días logran conocer distintas islas, recorriendo desde el canal de Beagle, cruzando por el pasaje de Drake hasta llegar a la Antártida.

En la actualidad el turismo antártico presenta un crecimiento exponencial y despierta curiosidad entre los viajeros cada vez más jóvenes. Si bien su espíritu es el de la actividad científica y la investigación con fines pacíficos, la cuestión turística hoy en día tiene su gran peso en la región a pesar de todo el cuidado por la preservación del medioambiente.

Poder ver ese desierto blanco forma parte de los nuevos deseos de los viajeros de elite en la actualidad. Sin embargo, es preciso repensar distintos tópicos. Si en la actualidad está comenzando a prevalecer un turismo con conciencia ambiental, sobre todo en países occidentales del hemisferio norte ¿Por qué eligen visitar un destino con políticas medio ambientales tan restrictivas? ¿Se tienen en cuenta los daños colaterales a futuro? ¿Quiénes son los que viajan hacia este destino? ¿Son acaso personas que levantan las banderas del cuidado medio ambiental en sus países pero que luego en regiones periféricas deciden realizar estas travesías?

Todo parece un cuento de aventura hasta que se empieza a pensar en las consecuencias. Como sabemos los cruceros son altamente contaminantes a nivel mundial. La eliminación de los residuos y la emisión de sustancias impactan de forma negativa hacia la fauna de los distintos lugares. La Antártida es considerada una reserva natural y por ende todos estos agentes atentan contra este espacio. Si bien en 2011 se prohibió el uso y el transporte de combustibles pesados colaborando con el cuidado del medio ambiente, los recursos presenten en la región son sumamente importantes. Las algas, los peces, los moluscos, los mamíferos, las aves marinas y el krill juegan un rol fundamental en su ecosistema. Además son cada vez más utilizados por los seres humanos en la industria agrícola, farmacéutica, cosmética y alimentaria (MUCIACCIA, 2024). Los cruceros son los principales culpables en los derrames de combustibles, las emisiones de carbono y otros “contaminantes como metales pesados, principalmente cobre, plomo, cinc, cadmio, mercurio y arsénico (Evans et al., 2000). También se han detectado diferentes contaminantes orgánicos persistentes (COPs), incluyendo policlorobifenilos (PCBs), hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) y varios pesticidas clorados (Goerke et al., 2004; Lohmann et al., 2004; Borghini et al., 2005; Bargagli, 2008; Klanova et al., 2008)” (TEJEDO, 2011).

Las distintas propuestas turísticas actuales están contribuyendo al deterioro de la región ya que las infraestructuras colocadas en la Antártida provocaron el aumento de “los procesos erosivos, daños a la vegetación y a la fauna edáfica, aparición de basuras, cambios en el microrrelieve que favorecen los procesos erosivos, etc.” (TEJEDO, 2011). Es así como también la actividad humana termina provocando cambios y afectando de forma negativa a la fauna y al ambiente. Entre los animales presentes en la Antártida podemos notar dificultades reproductivas que podrían llevar a la extinción de algunas especies, el aumento del ritmo cardiaco, el abandono de los nidos y el pánico en masa debido a la actividad humana. Las colisiones de aves y ballenas hacia las embarcaciones también suelen ser frecuentes.

 

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Más de 60 mil personas llegan a la Antártida cada año llevándose recuerdos extraordinarios de ese paisaje, pero dejando huellas que pueden ser fatales para el futuro de la región.

 

Según un estudio de 2019 realizado por la Dra. Marisol Vereda, docente investigadora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el turismo antártico ha crecido significativamente en la última década. Entre 2010-2020, hubo aproximadamente 375 mil visitantes, y 2100 viajes a Antártida (…) Después del declive turístico generado por el COVID-19, el turismo antártico ha repuntado y en la temporada 2022-2023 la IAATO (Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos) reportó que 71.258 turistas desembarcaron en el continente blanco y que 32.730 lo visitaron en crucero (TILTON, 2023).

 

La tensión entre el turismo y la protección ambiental, generan una ambivalencia y fuertes contradicciones en este campo de investigación. Desde mi lugar esta cuestión debería ser abordada desde otra perspectiva dejando de lado los pros y los contras y enfocándonos en las circunstancias que este tipo de turismo puede generar a largo plazo. Si bien podemos afirmar desde una mirada cortoplacista que los beneficios son abundantes ya que el turismo a la Antártida favoreció el crecimiento productivo de la ciudad de Ushuaia. Por otro lado, si logramos expandir nuestra mirada a un largo plazo analizaremos que estas ventajas económicas terminarán deteriorando la fauna y la flora de un lugar tan fundamental y estratégico como lo es la Antártida. En un mundo actual cada vez más carente de recursos, cada vez más contaminado, cada vez menos seguro para la integridad física es necesario cuidar nuestras ventajas comparativas. El mundo y más recientemente EEUU están mirando la región, analizando todos los beneficios que se pueden extraer de allí. Nos compete a nosotros ser conscientes y soberanos sobre nuestro territorio sin la necesidad de forjar alianzas que podrían perjudicarnos a futuro.

 


* Profesora de Educación Superior en Historia (ISP Joaquín V. González). Se ha especializado en historia económica latinoamericana, políticas medioambientales en Argentina y afrodescendientes en Buenos Aires.


 

Bibliografía

 

MARTINEZ, C. I. (marzo de 2012). Perspectiva del turismo de cruceros en Argentina en el marco de las tendencias mundiales . Notas en Turismo y Economía(4), 44-71. Obtenido de:

MUCIACCIA, F. (2024). La Antártida como espacio geoestratégico. CEDI.

PAREDES, F. A. (2019). El turismo de cruceros antárticos en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Argentina. 

TEJEDO, P. P. (2011). Equilibrios sobre el hielo: una breve (pero completa) revisión del conocimiento sobre el impacto humano en la Antártida. Ecosistemas, 69-86.

TILTON, J. y. (Julio de 2023). El turísmo Antártico: motivaciones, sueños. La Lupa, 10-12.

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