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Bolivia. Retorno de la democracia y del sentido de lo político


POR José Cruz Campagnoli y Mariana Gómez



El proceso de cambio político, económico y cultural acontecido en Bolivia a principios del siglo XXI que con audacia se lanzó a la historia y que supo desafiar al neoliberalismo hegemónico en ese país desde mediados de la década del ´80, se encuentra más vivo que nunca. En aquella oportunidad, la rotunda respuesta en rechazo a la globalización, al mercantilismo, a las privatizaciones y a la violenta implantación de una economía transnacionalizada estuvo a cargo del gigante y heterogéneo movimiento popular condensado entre los años 2000 y 2003, y cristalizado en las que pasarían a la historia bajo las consignas Guerra del Agua y Guerra del Gas. Esta disrupción popular que perforó el sentido común[i] y que constituyó un bloque social contra hegemónico fue el que con perseverancia recuperó la democracia y el sentido de la política en Bolivia. Un sentido político que retoma –luego de un intervalo de un año marcado por el golpismo y la carencia de libertad para un pueblo– valores y principios sociales orientados por la democracia, libertad, igualdad, justicia social y el respeto de la diversidad.

Durante el año 2009 ese movimiento popular contra hegemónico –habiendo elegido como herramienta política al Movimiento al Socialismo (MAS) y a Evo Morales y García Linera como sus principales referentes– luego de alcanzar la victoria electoral lograba acceder al gobierno de Bolivia para dar inicio a un nuevo capítulo en la historia. Desde aquel significativo momento comenzaba la construcción de un nuevo modelo estatal, económico y social que, guiado por una nueva Constitución –determinada por valores y principios sociales diferentes a los sostenidos con anterioridad– abría camino hacia un proceso de profundas transformaciones. Desde aquel año, como fragmentos de una misma pieza musical, sonaron conceptos como descolonización, autodeterminación de los pueblos, empoderamiento indígena[ii]y soberanía económica. El Estado, como el gran director de la sinfónica, condujo los grandes lineamientos políticos y económicos del proceso y, volviendo a tomar el control de los bienes y servicios esenciales para la vida de la población, emprendió un proceso de nacionalizaciones (hidrocarburos, electricidad agua y telecomunicaciones) que se constituyó en la principal causa de la generación de riqueza - una riqueza de la cual, desde ese momento, podían disfrutar las mayorías. Este crecimiento económico generado por la retención de la renta que otrora bajo la forma de utilidades huía de Bolivia al mundo para el disfrute de unos pocos y ricos extranjeros; desde su nacionalización y aprovechamiento interno de sus beneficios redundó en más empleo, aumento en el consumo, expansión de la inversión pública en la producción e infraestructura y un fuerte fomento de la construcción de viviendas, hospitales y escuelas. Todas estas piezas fueron claves para la construcción de un escenario económico promisorio y para que Bolivia ostentara, en comparación con los demás países sudamericanos, los mayores índices de crecimiento durante los años 2009, 2014, 2016 y 2018. Así, el Estado Plurinacional persiguiendo valores como la solidaridad, justicia e igualdad, y utilizando la política social como herramienta (entre ellas, ayudas económicas a los más necesitados, Bono Juancito Pinto, y la Renta Dignidad), lograba incluir dentro del sistema de protección social y mejorar las condiciones materiales de vida de una importante porción de la población boliviana.

Sin embargo, el proceso iniciado en el año 2009 con el arribo de Evo Morales y García Linera a la presidencia y vicepresidencia de Bolivia, diez años después –más específicamente, un 10 de noviembre de 2019– fue puesto en jaque. Evo Morales, habiendo ganado las elecciones generales en primera vuelta –con un 47% de los votos– fue destituido mediante un golpe de Estado y obligado a renunciar. Para construir ese escenario golpista, desde el exterior el Departamento de Estado y el capital transnacional, en conexión y coordinación con los principales líderes de la oposición de derecha boliviana, diseñaron una contundente campaña comunicacional orientada a socavar la integridad moral y la verosimilitud de la "palabra de Evo" con el objetivo de desgastar su imagen y credibilidad y, finalmente, evitar el triunfo de Evo Morales en primera vuelta y, así, forzar un ballotage donde la oposición pudiera unir sus fuerzas e imponerse. Así, dentro del marco de la elección del año 2019 fue tal la operación mediática que había sido montada, instalando en la opinión pública la idea del fraude, que cuando se conocieron los datos del conteo definitivo, los cuales confirmaban que Evo Morales había ganado la elección en primera vuelta, la idea del fraude ya era compartida. Como parte de la estrategia destituyente orquestada por la oposición, también jugó su ficha la OEA para terminar de coronar la operación. En este sentido, este organismo, que desde sus inicios fue creado con la vocación de asegurar la hegemonía de los Estados Unidos sobre centro y Sudamérica, sospechosamente, días previos al golpe de estado emitió un informe que debía haber sido emitido mucho tiempo después. En el mismo recomendaba la anulación de las elecciones presidenciales y la convocatoria a un nuevo proceso electoral, terminando de construir las condiciones para el Golpe de Estado. De este modo, aunque la mentira y la calumnia eran propiedad de la oposición de derecha y la OEA, la operación había funcionado. A pesar que Evo había ganado en primera vuelta la elección presidencial, nunca pudo iniciar su nuevo mandato.

Luego del golpe de Estado del día 10 de noviembre de 2019 una feroz dictadura, con Añez como su rostro más visible, fue impuesta. Desde esa fecha, militantes y referentes políticos pertenecientes al Movimiento al Socialismo (MAS) fueron brutalmente perseguidos, y ante la inusitada violencia desplegada desde el nuevo gobierno golpista, algunos de los miembros del MAS fueron obligados a sufrir el exilio, y en los caso de Evo Morales y García Linera, además del exilio, la proscripción. La represión, el sesgo anti indigenista adoptado, el desastre económico y sanitario –en la administración de la pandemia– fueron las principales características del “desgobierno” conducido por Añez. El 18 de octubre último, repeliendo terminantemente el caos generado por los golpistas durante un año de gobierno, el pueblo boliviano apelando a la memoria y a su conciencia política optó por retomar la bandera de la soberanía popular sobre los recursos que brinda su tierra, por un modelo de desarrollo económico que, controlando desde el Estado los sectores claves de la economía, prioriza la industrialización de los recursos naturales al interior de las fronteras bolivianas, y le dijo “no” a la injerencia externa, para decirle “sí” al respeto del derecho a la autodeterminación de los pueblos. Porque fueron los progresos económicos, sociales y culturales alcanzados por el movimiento popular que llegó a la presidencia en el 2009, y la lucha de un pueblo por el derecho a una vida digna los que volvieron a poner a Bolivia en la senda de la democracia, la igualdad, y la libertad, si nos preguntamos: ¿Por qué volvió el MAS a ser gobierno de Bolivia? La respuesta es sencilla: porque, según la voluntad popular, nunca debió haberse ido...



Fuente de la imagen: La Capital. [i] Para profundizar más sobre el concepto utilizado recomendamos leer el artículo “Luchar por el sentido común”, escrito García Linera A. y el publicado el 23 de abril de 2016 en Nuestras Voces. Link: http://www.nuestrasvoces.com.ar/el-salon/luchar-por-el-sentido-comun/ [ii] García Linera, A. (12 de enero de 2020). “Curva de Elefante” y clase media. Celag.

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