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La(s) perspectiva(s) de género en la Cumbre del G-20. | Por Luciana Manuela Lemos Peña

Actualizado: 6 sept 2019


Hace pocos días culminó el desarrollo del G20 en Argentina dejándonos una serie de anécdotas, eventos desafortunados y promesas de campaña. Lo cierto es que el elemento más innovador de la cumbre 2018 fue la inclusión de la perspectiva de género como eje transversal en todas las discusiones. Sin embargo, es preciso hacer un análisis más exhaustivo al respecto para determinar si se trata de un bloque incipiente de políticas públicas en materia de género, o si se queda simplemente en un consignismo políticamente correcto.



“El empoderamiento de las mujeres, la eliminación de disparidades de género en el empleo, la ciencia, la tecnología y la educación, y la protección contra todas las formas de violencia basadas en género” son los objetivos enumerados en el documento de la Visión Oficial elaborado por Argentina. Se reivindica asimismo que el enfoque transversal fue significativo en los distintos debates de las áreas de trabajo, y en las conclusiones y objetivos que derivaron de los mismos.


Quizá uno de los comunicados más relevantes en este sentido fue el lanzado a raíz de la Tercera reunión de ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales, que se realizó en julio en Buenos Aires y contó con la que participación de más de 50 líderes de la economía global. En él se describe la decisión de respaldar un menú integral de políticas públicas vinculadas al futuro del trabajo y se invita a los países a impulsar políticas que fomenten la participación de las mujeres “en educación, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, investigación, innovación, industria y emprendedurismo”. Además, se alienta la conciliación entre maternidad y trabajo proponiendo la consideración de políticas que faciliten la participación de las mujeres de la fuerza laboral, mejorando el acceso a los servicios de cuidado o eliminando los obstáculos en algunos sistemas impositivos para que trabaje el segundo sostén del hogar.


Otros comunicados como los de la Reunión ministerial de Transiciones Energéticas, la de de ministros de Agricultura del G20, la Reunión ministerial de Economía Digital, la de ministros de Educación y de Empleo del G20, la reunión de los ministros de Empleo, el grupo de Desarrollo y la cumbre de los ministros de Salud del G20 promueven el achicamiento de la brecha de género en los ámbitos que les corresponden y la aplicación de políticas públicas que persigan la integración de las mujeres y la concreción de la igualdad de género.


Sin embargo, y a pesar de lo que podemos calificar como un avance en materia de género (su inclusión en todas las instancias mencionadas), fue evidente la subrepresentación de las mujeres y otros géneros dentro de los 20 mandatarios. La fracción es de 2/20 donde las dos mujeres participantes son la Primera Ministra del Reino Unido, Theresa Mary May, y la canciller alemana, Angela Merkel. El resto, todos hombres. Lamentablemente no hay acceso público a los datos sobre la conformación de otros grupos de trabajo y discusiones de menor jerarquía, por lo que resulta imposible desarrollar porcentajes acerca de la participación de las mujeres en el G20 en general, un elemento necesario sin dudas para el análisis y el desarrollo de políticas que fomenten la igualdad. De todas maneras, resulta manifiesta la disparidad.


Cuando se pretende abordar un tema que involucra sujetos damnificados, es elemental que las voces de los mismos sean escuchadas y tomadas en cuenta como testimonios imprescindibles para la comprensión real de la problemática. De modo que pretender alcanzar objetivos como los mencionados en materia de Salud, Educación, Empleo, Ciencia y Tecnología sin que aquellas a quienes se pretende incluir tengamos espacio para participar resulta paradójico, cuando no absurdo.


En octubre de este año, por otra parte, se llevaron adelante las actividades oficiales del foro de negocios del W20 en el CCK, compuesto de 20 delegadas y presidido y encabezado por Susana Balbo. El W20 es una instancia creada en 2015 bajo la presidencia de Turquía en el G20, como grupo de afinidad para apoyar la promoción del crecimiento económico inclusivo de género. Fue creciendo año a año, consolidándose hacia el interior en sus grupos de delegadas, y hacia el exterior en términos de relevancia para los organismos internacionales y países miembro.


Los ejes sobre los que se centra actualmente son: inclusión laboral, inclusión financiera, inclusión digital y desarrollo rural. El tema del aborto está excluido de los debates. Al mismo tiempo y a 20 cuadras se realizó el Foro Feminista frente al Congreso de la Nación, en el que participaron distintas delegaciones de mujeres que no comparten del todo la perspectiva del W20. “Se habló mucho de la inclusión, pero antes estamos en situación de desigualdad. Aumentar la participación laboral no es el objetivo en sí mismo. Dadas las cosas como están, lo que aumenta es la doble jornada: trabajo en el mercado y en el cuidado”, remarcó Cirmi Obón. Si bien se ha mencionado en algunos comunicados la iniciativa de que el Estado facilite y financie espacios de cuidado, esto es aún difuso y dista mucho de ser una realidad concreta.


En torno a la participación y la función de representación del W20, otra participante del foro, Candelaria Botto, de Economía Femini(s)ta, expresó: “no está mal la agenda sino que restringen el debate a un grupo de mujeres que es muy reducido, en todos los países. Desde que se creó el G20 no hubo una mejora en las brechas de género”.


Finalmente, las organizaciones integrantes del foro confeccionaron un documento que evidencia las falencias de los organismos hegemónicos como el G20 y el W20. Los objetivos planteados en el mismo fueron: generar una agenda más inclusiva, con paridad en la toma de decisiones en el Estado, inversión de recursos públicos contra la discriminación hacia las mujeres, el sistema de cuidado y más derechos laborales, entre otros puntos.


Frente al innegable avance del movimiento feminista y de mujeres en todo el mundo –a partir del cual es lógico y políticamente conveniente retomar y no negar sus postulados– resulta, no obstante, inadmisible que no exista espacio para el despliegue de la diversidad de voces que lo componen. Es una condición necesaria que todos los espacios de representación política incorporen la perspectiva de género, pero no es suficiente si no se desarrollan políticas públicas concretas en consecuencia.


Esperamos que el reconocimiento de la importancia de introducir la perspectiva de género en los debates por el desarrollo sea la punta de lanza que promueva la modificación de estructuras que actualmente resultan un impedimento en el crecimiento de las mujeres y diversidades en todos los ámbitos de la vida.

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