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Urgencia ecológica y modelo nacional socioambiental

POR Juan Facundo Muciaccia y Gustavo Ignacio Míguez


Basural a cielo abierto, Argentina. Fuente: Fundación Bunge y Born.



La doctrina debe ser predicada y no simplemente enseñada.

Significa que hay que hacerla conocer, comprender y sentir.

Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, 1974.



Esta es la primera de una serie de notas cuyo punto de partida es el llamado a reflexionar sobre el pensamiento de Juan Domingo Perón y del Papa Francisco reconociendo allí un modelo prospectivo para afrontar las problemáticas socio-ambientales urgentes de la Argentina del siglo XXI.

Escribimos desde la experiencia de haber coordinado una diplomatura en Gestión de Residuos y Aprovechamiento Energético en la Facultad de la Defensa Nacional (UNDef), durante los años 2021-2022, dirigida a personas que se desempeñan en la función pública en todo el país. La instancia académica tuvo como objetivo garantizar la formación integral en Ambiente, con perspectiva de desarrollo sostenible y con especial énfasis en cambio climático. De este modo, aspiramos a promover la toma de conciencia sobre la necesidad de un cambio cultural en torno a la gestión de los recursos dentro de los Organismos, así como el mejor cuidado del medio ambiente mediante la introducción de criterios de eficiencia energética para la adquisición de bienes y servicios. En esa línea, confluyeron durante la cursada consideraciones ecológicas, económicas y técnicas, además de las sociales, de evidente relevancia a raíz del crecimiento de la actividad informal en los últimos años y del desafío que el Estado ha asumido al momento de desarrollar políticas públicas específicas.

Creíamos importante desde el Centro de Estudios para el Desarrollo Integral (CEDI) publicar una síntesis de las ideas debatidas durante ese tiempo, retraducidas en un llamado a la acción. En las sucesivas entregas nos detendremos en el concepto de democracia social y la visión ecológica del peronismo tomando como fuente el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional (1974), para luego rastrear sus ecos en la Laudato Si’ (2015) y en Fratelli Tutti (2020). Asimismo, abordaremos: la noción de persona humana frente a la rapidación en el mundo digital; el rol del Estado en las actividades económicas y en el fomento del bienestar social frente a la “cultura del descarte”; la importancia de una política ecológica integral anclada en el buen vivir latinoamericano en una cultura global. Por último, dedicaremos un último escrito a desentrañar qué se esconde detrás del concepto contemporáneo de ciudadanía verde y de los procesos de subjetivación que impulsa la –muy de moda– mentira verde neoliberal.


Una visión propia y situada


Cuando se estudia la historia política de la Argentina peronista, sus logros y proyecciones estratégicas, nos viene a la mente automáticamente la siguiente pregunta: ¿cómo se explica que un país periférico lograra defender y sostener una visión propia del mundo?

Pero para pensar una respuesta conviene que aclaremos esa noción de “una visión propia del mundo”. Lo primero a lo cual nos remite es a una defensa del interés nacional y la patria, es decir, a una política exterior que se desarrolle a partir de lo que es conveniente o no para el crecimiento de la nación. Y esto implica nada más y nada menos, por un lado, atender a la complejidad de llevar adelante una negociación geopolítica en un mundo interdependiente; por el otro, a enfrentarse a formadores de opinión y hegemonías mediáticas que, cada vez de un modo más obsceno, nos desvían del propósito de una Argentina próspera y soberana para imponer su agenda externa. Remarcamos lo último porque no podemos olvidar que vivimos una época donde el régimen neoliberal modela la subjetividad del planeta entero, y por ello es cada vez más necesario proyectar hacia el futuro el pensamiento de Perón. Y al hacerlo, tenemos que resguardarnos de caer en un sectarismo sin sentido que no puede sino responder a la lógica del adversario. Con esa amplitud, pero con un objetivo bien concreto, se podrá potenciar y expandir nuestra identidad política y cultural, definida por la militancia de la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo argentino. No es un eslogan barato que repetimos mecánicamente: fue una realidad concreta y es un horizonte de sentido inclaudicable gravado en la memoria popular argentina.

¿Cómo logra posicionarse Argentina entonces? En primer lugar, gracias a un pensamiento estratégico pero pragmático y atento a las relaciones de poder. No hay lugar para abstracciones llenas de buenas intenciones, primera enseñanza de Juan Domingo Perón. Hay que pensar y actuar como un realista defendiendo, con cada decisión, los intereses de la patria y del Estado argentino en una coyuntura internacional extremadamente delicada, donde hay vencedores y vencidos y donde los países dominantes subyugan a los demás mediante las políticas imperiales.

Por eso, volver a Perón para proyectarlo al futuro es asumir un desafío nada menor. En las últimas décadas se han impuesto dentro del movimiento nacional y popular tristes y estériles dicotomías que cabe debatir críticamente. Hay voces que hablan de una reactualización constante, pero tienen dificultad para nombrar a Perón. Y hay quienes cooptados por el régimen neoliberal no pueden pensar en el interés nacional. Pero en el mundo multipolar actual cobra cada vez más fuerza el pensamiento peronista, nuestro modelo propio hecho carne en el pueblo. Porque la comunidad organizada es más que nunca resguardo ante el caos organizado que propone el régimen neoliberal a nivel global, y tiene todavía una potencia trascendental para pensar soluciones en un mundo convulsionado y profundamente fragmentado.


El legado estratégico de Perón


En el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional (1974) se profundizan dos parámetros muy importantes en el pensamiento de Perón: el universalismo y la liberación nacional, uniendo los dos aspectos que, al parecer, más interesaban en lo profundo al creador del justicialismo. La relación entre una geopolítica mundial siempre móvil y una cultural nacional incompleta, inacabada y nunca terminada de realizar en plenitud.

El estadista, en tanto, inculcó en los pueblos latinoamericanos la necesidad de unirse para poder tener algún destino en el mundo que se avecinaba. También advirtió a sus aliados amigos del Movimiento de los Países No Alineados el gran problema de la creciente contradicción entre el desarrollo económico y la destrucción ambiental, porque corremos siempre el riesgo de que la voluntad de dominación de los más fuertes siga considerando cómo propios los recursos naturales existentes en nuestro territorio común.

Al respecto, es fundamental entender que el Modelo debe ser visto cómo la herencia político- cultural de Perón para sus compatriotas, desde una perspectiva estratégica que se profundiza esencialmente en clave ideológica y cultural: “Nuestra Patria necesita imperiosamente una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una doctrina que sistematice los principios fundamentales de esa ideología”. Ahora bien, hay que aclarar que la conformación ideológica de un país no debe provenir de una ideología foránea, y esto es de suma importancia al momento de analizar la influencia de las distintas vertientes en pugna del ambientalismo transnacional.

Unirnos para liberarnos: la difícil tarea que nos deja como legado Perón es la de reunir esfuerzos a nivel regional e internacional para que, en mutua colaboración, podamos elevar las condiciones de vida de la sociedad universal del porvenir. En defensa de sus intereses, los países deben propender a las integraciones regionales y a la acción solidaria. Como sabemos, esta idea de Comunidad Latinoamericana ya estaba en San Martín y Bolívar, pero Perón agrega un corolario: los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera. Nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Por tal motivo, el desarrollo no debe quedar en manos de unos pocos, o de grupos poderosos, como tampoco debe responder a la concepción de una sola comunidad política o de las naciones más fuertes. Por el contrario, todos los sectores dentro de cada país y el conjunto de las naciones en el orden internacional deben participar en dicha tarea.

La traducción de este ideal de integración a políticas públicas durante los gobiernos peronistas fue clara e inequívoca: independencia económica, que significaba lograr la industrialización nacional y el autoabastecimiento energético nacionalizando los rubros económicos claves en ese sentido y favoreciendo una industrialización sustitutiva con un rol interventor fuerte del Estado. Soberanía política, que significaba recuperar la toma de decisiones estratégicas desde y para la propia Nación, sin tener que seguir obligadamente al poder hegemónico internacional. A su vez, este carácter soberano de la política nacional tenía como correlato interno la ampliación de la participación política y la permanente apelación al voto como respaldo de la política nacional.

La Tercera Posición es una necesidad geopolítica para no ser arrastrados por la dinámica empobrecedora liderada por las potencias. Hoy podríamos agregar: por la dinámica empobrecedora del sistema capitalista financiarizado y alarmantemente ecocida global. Pero incluso con el pasar de las décadas y las dinámicas mundiales, el objetivo no deja de ser el mismo: la afirmación de la soberanía nacional que necesita de su autoconciencia. Las siguientes páginas están destinadas a repensar esa soberanía y autoconciencia desde una perspectiva socioambiental estratégica e integral.

El Modelo es, en ese sentido, la última gran propuesta integral de nación que se haya sistematizado. Parte de concebir la realidad desde el lugar en que nos posicionamos, es decir, el espacio a partir del cual pensamos qué queremos y cómo lo queremos para reconocer por qué lo queremos. Implica asumir que formamos parte de diferencias que surgen a partir de intereses divergentes. Supone también relaciones de dominación que tornan estructurales determinadas disputas. Un modelo de desarrollo, en ese sentido, es una forma idealizada y orientada hacia el futuro respecto de lo que se quiere y se desea. No es un proceso histórico, en el sentido de una decantación que ocurre necesariamente, pero sí un proyecto histórico que aglutina una fuerza colectiva puesta en acción. Por esa orientación práctica, la pregunta que surge para toda persona atenta al interés nacional es: ¿qué ideal, con toda la carga moral que le corresponde, puede guiarnos desde y para nuestro espacio en el mundo?

Perón se ocupa de aclarar que el Modelo debe ser considerado como una propuesta inicial, y que las generaciones que nos seguirán, a través de un diálogo franco en el que participen todos los entes representativos de la comunidad, han de asumir la patriótica misión de perfeccionarlo. También señala que para que cada ciudadano o ciudadana se reconozca en el Modelo es imprescindible que éste no naufrague en abstracciones: lo que se define y propone debe cobrar realidad en cada una de las áreas de la comunidad, pues es a través de sus áreas de competencia que el ciudadano y la ciudadana se insertan en su Patria y la sienten como propia. Pues si una ideología no resulta naturalmente del proceso histórico de un pueblo mal puede pretender que ese pueblo la admita como representativa de su destino. Este es el primer motivo por el cual nuestro Modelo no puede optar ni por el capitalismo liberal ni por el comunismo ya que, por más coherencia que exhiba un modelo, no será argentino si no se inserta en el camino de la liberación nacional. La vigencia y la claridad conceptual del Modelo son sorprendentes porque sintetiza un pensamiento y una actividad política de décadas. Si se considera que se trata de un escrito redactado hace ya casi cuarenta años, cobra dimensión la calidad de estadista y de liderazgo que supo tener Perón no sólo para la región sino para todo el Tercer Mundo. Las banderas, la integración regional, la ecología y los avances tecnológicos son considerados fundamentalmente en un sentido estratégico y prospectivo, es decir, hacia el futuro

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