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Centro y periferia ante la pandemia de Covid 19 –parte 2-

Por Juan Pablo Demaría Aguilar


Periferia, ¿estás ahí?

Tanto Zizek como Harari y también Byung Chul Han hablan desde países centrales. En los centros del mundo se habla de una manera y en la periferia, de otra. Porque las realidades son diferentes en unos y otras. En la periferia o en las periferias (en plural, porque no hay una sola, pensemos, por ejemplo, en la periferia latinoamericana), el lado epidemiológico de la crisis global llegó más tarde que en Europa y en Estados Unidos. Además, hay menos infectados y muertos por el virus de lo que hay en el viejo continente y que en el gigante del norte occidental (EEUU). Se puede pensar ligeramente esa noción y reafirmar que, como llegó más tarde, el número de infectados y muertos es menor. Pero este argumento es poco convincente. Los países que comprende Latinoamérica no son homogéneos unos en relación con otros. En algunos la crisis está causando estragos como es el caso de Brasil, Chile, Ecuador, Perú y Bolivia, en otros no tanto, como es el caso de Colombia, Uruguay, Argentina, Paraguay y Venezuela. Nótese que aquí solo mencionamos países sudamericanos. Si vamos más allá de Sudamérica, en el Caribe, en Centro América, el coronavirus no es tan grave como parece o como algunos medios de comunicación y redes sociales lo presentan. En el caso de México empezó siendo un caso marginal en un país relativamente grande, teniendo en cuenta sus dimensiones geográficas y demográficas y, sin embargo, el número de infectados y muertos empezó a crecer significativamente.

Esto no implica que se puede tomar a la ligera al virus, cuando éste avanza cual enemigo peligrosísimo y súper ofensivo sobre los cuerpos humanos que habitan la región. Un enemigo silencioso e invisible a los ojos humanos infecta los cuerpos y en algunos casos los mata. Sin detenernos en los números, índices, tazas, estadísticas –para eso están los técnicos y las técnicas que saben de esto más que el que escribe– lo destacable en esta periferia del mundo llamada Latinoamérica es la respuesta de los Estados y gobiernos a un virus que avanza de manera arrolladora sin discriminar por etnia, religión, orientación sexual, nacionalidad, etc. Se trata de un virus “democrático e igualitario” que ataca o puede atacar a todos por igual.


Volviendo a la respuesta de Estados y gobiernos nacionales a este virus, podemos ver que el Estado argentino mediante su máxima autoridad política, el presidente Alberto Fernández, planteó que, ante esta crisis socio-sanitaria, la salud y la vida son prioridades más importantes que la economía. No pasó lo mismo en Chile y en Brasil donde en el primero se planteó que el virus podía llegar a “volverse bueno”, mientras hay cada vez más infectados y muertos, y en el segundo, donde el presidente sostuvo que se trata de una “gripecita”, mientras el gigante de Latinoamérica es el más afectado por el COVID-19.

Desde el punto de vista de la planificación pública, la crisis actual nos tiene que hacer pensar cómo seguiremos luego de ella. Ahora bien, mientras estemos en ella, lo responsable es detenernos en cómo la sobrellevamos, en cómo la atravesamos. En ese sentido, todo estudio sobre la crisis debe en primer lugar dar cuenta del accionar de Estados y gobiernos, que ante la expansión viral han recrudecido medidas como, por ejemplo, el cierre de fronteras. Medidas excepcionales y necesarias como una forma de combatir el virus. Hasta el momento no sabemos cómo continuará esto. Mientras que en Latinoamérica y el Caribe se habla de etapa post pandemia, en Europa se habla de prepararse para una nueva pandemia. No hay hasta ahora un consenso único o unificado a nivel mundial de cómo seguirá el mundo más allá de la pandemia Covid 19. De lo que sí podemos estar seguros es que la actual pandemia nos tiene sujetos o sujetados a un cortoplacismo que pareciera no tener fin o que se extiende cada vez más borrando la posibilidad de planificar más allá del corto plazo.

En otro nivel de análisis, en muchos discursos de especialistas comienza a afirmar que la crisis traerá consigo un cambio de orden mundial. Luego de la segunda guerra mundial, con la arquitectura de Bretton Woods, no hubo un tipo de orden mundial, por más que este no sea lineal y haya tenido avances y retrocesos. La discusión que diversos analistas ponen en común es sobre qué tipo de orden mundial va a devenir o se está diseñando o se va a construir como consecuencia de su crisis. En todo caso, la pandemia de COVID-19 pareciera revelar que de lo que se trata es de una crisis del mundo actual, de una crisis del capitalismo en su fase actual. Y esto debido a que la crisis no es solo epidemiológica, sino también económica, financiera, política, ético-moral, cultural, histórica, ambiental. Estamos y somos parte de un cambio de época como quizá no se vivía desde hace tres o cuatro siglos atrás, o incluso más tiempo. Pero no nos detengamos en cuestiones históricas finas, que para eso están los y las historiadores. La humilde idea de esta segunda nota es analizar y reflexionar un poco sobre el cambio de época que estamos atravesando como humanidad, como especie viva, como ambiente, como mundo desde nuestra perspectiva.


En lo que atañe a la región latinoamericana y caribeña, el discurso post pandemia cala hondo no por un desventurado optimismo ingenuo, sino por la necesidad de una región periférica que necesita del mundo para seguir adelante. No olvidemos que esta parte de la periferia depende en mayor o menor medida de la ayuda internacional que recibe de grandes potencias como China, Estados Unidos o la Unión Europea. No quiero caer en una idea dependentista de la región en relación a las potencias centrales. La idea más bien es señalar que en una época en crisis tanto la idea de una globalización a ultranza como la idea de una anti globalización furibunda no llevan a nada o nos llevan a un callejón sin salida o laberinto donde ni siquiera se puede salir por arriba. Hay que bregar por una globalización inclusiva, más igualitaria, donde el crecimiento y el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones (económica, social y ambiental) no sean un mero eslogan sino una construcción real de los pueblos, gobiernos y demás actores del mundo.

La pandemia pone en discusión el clivaje centro-periferia. Si bien todavía podemos hablar de países del centro y de países de la periferia, estas categorías tienen que volver a discutirse en este tiempo pandémico en el que estamos todos, tanto los del centro, como los de la periferia. El virus no discrimina seres humanos por procedencia geográfica, ataca por igual a los que viven en los centros como a los que viven en las periferias, con una diferencia: los países periféricos no tienen el potencial que tienen los países centrales en materia de infraestructura, salud y demás cuestiones que hacen al tratamiento y combate al virus. Sin embargo, es curioso que el todavía más poderoso país del mundo, Estados Unidos, sea el país con más infecciones y muertes del mundo, a pesar de tener un sistema de infraestructura, salud y demás que hacen pensar que el virus tendría que estar controlado. Esto no ha sucedido, más bien, podemos decir que se les fue y se les sigue yendo de las manos este asunto. Y hablando de países periféricos, Brasil es uno de los países periféricos más poderosos del mundo y es uno de los países con más contagios y muertes del mundo. El tufillo democrático e igualitario que instaló esta pandemia a lo largo y ancho del mundo también puso en jaque los clivajes y las categorías de análisis de ayer y de hoy en un mundo cada vez más interconectado y complejo. Países del primer mundo o desarrollados, países en vías de desarrollo, países del tercer mundo o subdesarrollados, países emergentes, países centrales, países periféricos, países independientes, países dependientes. Todas categorías que tenemos que repensar en este contexto de pandemia que estamos viviendo. El mundo sigue cambiando o los cambios en el mundo se siguen profundizando. Esta discusión filosófica es importante pero de nada sirve si no la anudamos a una discusión política e histórica, para tener así una visión más compleja y profunda de un tiempo de claroscuros, donde, parafraseando a Antonio Gramsci, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer.

La única verdad sigue siendo la realidad y la realidad es que en este tiempo pandémico la periferia del mundo al igual que el centro del mismo está atravesada, asediada y golpeada por un virus muy peligroso que es parte de un sistema mundial desigual e inequitativo donde la vida y la salud son hace ya bastante tiempo cosas secundarias.

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