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Centro y periferia ante la pandemia de Covid-19 –parte 1–

POR Juan Pablo Demaría Aguilar


Fuente: La Tercera


En estos momentos de cambio de tiempo o de época tres autores nos ofrecen miradas e ideas sobre lo que nos toca vivir: Slavoj Zizek, Yuval Harari y Byung Chul Han presentan el tema tomando al Coronavirus Covid-19 como un efecto o una consecuencia de la crisis mundial. Por otra parte, y en relación con esto, reflexionaremos en la segunda parte de esta nota sobre la periferia –más precisamente sobre la periferia regional latinoamericana– para pensar acerca de su realidad o realidades.

Autores desde los centros

Uno de los pensadores, Slavoj Zizek plantea que la humanidad no solo padece de un virus de índole fisiológica, sino que esta crisis tiene otros virus que son explotados ahora: el racismo, la xenofobia, las informaciones falsas y las teorías conspirativas. Siguiendo a Zizek:


(...) quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado-Nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global.

El lado afirmativo del virus nos pone a prueba como especie viva, en ello nos encontramos en un estado de cosas que no es regular, lo que nos saca del lugar de “bienestar” al que estamos acostumbrados. En esto el virus nos tiene que hacer pensar en el estilo de vida y en la visión de mundo que tenemos como personas y sociedad. Volviendo a Zizek:


El punto no es disfrutar sádicamente el sufrimiento generalizado en la medida en que ayuda a nuestra causa; por el contrario, el punto es reflexionar sobre un hecho triste de que necesitamos una catástrofe para que podamos repensar las características básicas de la sociedad en la que nos encontramos.”

Se hizo necesario, más allá de las contingencias que tienen que ver con un virus y no solo con él que ocurra un hecho de esta magnitud, un virus que infecta seres humanos y que, en algunos casos, les provoca la muerte. Es esta una condición de posibilidad de la reflexión en torno a pensar sobre las condiciones de la sociedad que habitamos actualmente. Continúa Zizek:


Y no estamos lidiando solo con amenazas virales: otras catástrofes se avecinan en el horizonte o ya están ocurriendo: sequías, olas de calor, tormentas masivas, etc. En todos estos casos, la respuesta no es pánico, sino un trabajo duro y urgente para establecer algún tipo de eficiente coordinación global.

Ante esto, el capitalismo mediante Estados y gobiernos puede volverse más autoritario, cercenar libertades, vulnerar derechos, perseguir a los migrantes, a los refugiados, a los pobres que deambulan por las grandes urbes e incluso fuera de ellas. Una alternativa a esto es una forma de comunismo, no a la vieja usanza, sino una forma de comunismo donde primen formas de cooperación y solidaridad la cual logrará trascender una escala nacional o internacional a una global. El capitalismo llegó a un estadio que está más allá de lo internacional y alcanza lo global. No solo lo humano, sino también toda la especie viva, la naturaleza, la tierra está atravesada y es explotada por el capitalismo que oprime y deteriora a la especie viva en su conjunto, atenta contra el ambiente, el único ambiente que tenemos. El capitalismo salvaje y depredador avanza a pasos agigantados deteriorando todo lo que toca.

Esta crisis nos tiene que llevar a pensar y a generar formas de cooperación, redes de solidaridad global para combatirla. No se trata solo de resistir los golpes de la crisis, sino de pensar qué hacer para sobrellevarla y así intentar superarla.

Por su parte Yuval Noah Harari presenta algo no tan distinto a lo planteado por Zizek. El autor israelí plantea –y en esto va de la mano con el esloveno– que el mundo actual necesita tanto de la cooperación internacional y global como de la solidaridad para paliar la crisis que atraviesa. Lo interesante de Harari, un pensador que al igual que Zizek, reflexiona desde un país central (ambos lo hacen desde Inglaterra y Estados Unidos), argumenta que hoy en día Estados Unidos no controla, en su rol de potencia líder de la comunidad internacional, esta crisis socio sanitaria. El papel actual de Estados Unidos consiste en cerrarse, volverse hacia adentro, disputando con China la hegemonía política, económica y financiera del poder global. Nada de esto puede satisfacer las demandas de una comunidad global que se encuentra entre un virus que infecta los cuerpos humanos vivos y en algunos casos los mata. Ante esta realidad cruda y dura no hay un liderazgo mundial que pueda controlar una pandemia que no es la causa, sino una consecuencia de la crisis del mundo actual. Harari sostiene que:

La humanidad ahora se enfrenta a una crisis global. Quizás la mayor crisis de nuestra generación (…) Sí, la tormenta pasará, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros aún viviremos, pero habitaremos en un mundo diferente (…) En este momento de crisis, enfrentamos dos opciones particularmente importantes. El primero es entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano. El segundo es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad global.

La crisis global actual nos presenta el clivaje entre las dos opciones de las que habla Harari, ante este clivaje no parece haber una tercera posición que contenga, sintetice y supere a ambas. Una de las grandes características de la crisis global es el cerrarse entre dos opciones, entre una o la otra, excluyendo otras posiciones. Quizá esta sea la característica más fuerte y sólida de una crisis de estas condiciones. No hay alternativa más que dos posturas en confrontación una con otra. Plantear una tercera postura es un desafío aún mayor que da lugar a un debate político internacional y global para el que se necesita un liderazgo que unifique y sintetice las posturas enfrentadas.

Siguiendo a Harari:

Si el vacío dejado por los EE. UU. no es llenado por otros países, no solo será mucho más difícil detener la epidemia actual, sino que su legado continuará envenenando las relaciones internacionales en los próximos años. Sin embargo, cada crisis es también una oportunidad. Debemos esperar que la epidemia actual ayude a la humanidad a darse cuenta del grave peligro que representa la desunión global.

No solo las relaciones internacionales están atravesadas, infectadas por la crisis, también ocurre que, sumado a esto hay cuestiones aledañas que no son menores y adquieren cada vez más importancia. Entre ellas, la privacidad y la salud. Según Harari: “Se ha librado una gran batalla en los últimos años por nuestra privacidad. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión de la batalla. Para cuando las personas tienen la opción de elegir entre privacidad y salud, generalmente elegirán la salud.”

Esto no siempre es así, tengamos en cuenta lo que está ocurriendo en algunos países del mundo: Estados Unidos, Brasil, Italia, entre otros. El cuidado de la salud depende en gran medida del accionar de Estados y gobiernos ante esta situación de crisis socio-sanitaria. El caso de la Argentina actual es ejemplar en un escenario mundial donde la prioridad en materia de salud pareciera ser que no es una regla a seguir. El autor plantea:

Considere, por ejemplo, lavarse las manos con jabón. Este ha sido uno de los mayores avances en la higiene humana. Esta simple acción salva millones de vidas cada año (…) Hoy, miles de millones de personas se lavan las manos todos los días, no porque le tengan miedo a la policía del jabón, sino porque entienden los hechos. Me lavo las manos con jabón porque he oído hablar de virus y bacterias, entiendo que estos pequeños organismos causan enfermedades y sé que el jabón puede eliminarlos.

Por su parte, Byung Chul Han, autor de origen coreano residente en Berlín, capital de Alemania –hablamos de un oriental que vive en uno de los centros del mundo occidental– nos plantea formas de vigilancia/control contemporáneas. Una forma de panoptismo digital, mediante la intervención estatal y gubernamental en los dispositivos móviles de ciudadanos de Corea del Sur y de China, donde la defensa irrestricta de derechos y libertades no cuadra a la manera de occidente, donde países como Estados Unidos e Inglaterra, entre otros, aún defienden con fuerza estas ideas que en cierta parte de oriente están ausentes. Las poblaciones de algunos países del este no se cuestionan, más bien se sienten cómodos con esta forma de intervencionismo estatal gubernamental en la vida de las personas, en la población. Al respecto de ello, el autor plantea que:

(…) en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.

El virus marca una forma de retroceso histórico en que la humanidad no se vuelve ya contra sí misma simplemente, sino que esto es más complejo. Aquí el enemigo es externo, invisible. Ahora bien, este discurso fue hecho carne por algunos Estados y gobiernos como también por una institución internacional como es la OMS, por ejemplo, el gobierno argentino instaló una cuarentena llamada aislamiento social preventivo y obligatorio que ayudó a prevenir contagios y muertes por el virus. Más adelante hablaremos en detalle de esta cuestión. Por último, el autor plantea una suerte de conclusión muy crítica que al final deja lugar a la esperanza.

El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.

Aquí ya no se trata de tener coraje para la desesperanza, en una crisis mundial con las características señaladas se trata de volver a tener coraje para la esperanza, un sentimiento humano, demasiado humano como el miedo, pero que a diferencia de este nos puede movilizar a hacer algo para salvarnos a nosotros como humanos y para salvar el ambiente en el que todos vivimos.

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