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Crecimiento urbano y hábitat digno

POR Micaela Valentini


Construir viviendas no es sinónimo de HÀBITAT: “(...) la vivienda no es el gran problema, sino el acceso a la tierra urbanizada, bien ubicada y dotada de servicios básicos a la población”. El acceso a la tierra y a la vivienda representa hoy en día uno de los mayores conflictos en las ciudades en general y el conurbano bonaerense en particular

Amplios sectores, excluidos de la "ciudad formal", generan respuestas ante la necesidad habitacional insatisfecha a través de acciones colectivas con el fin de ocupar terrenos en aparente “estado de abandono”, en los que desarrollan esquemas de producción de ciudad y urbanización popular basada en la autoconstrucción de la vivienda y autourbanización del barrio, dando forma a sectores "periféricos" donde se incumplen diversos derechos básicos.

Si nos ponemos a enumerar los diversos factores desencadenantes de la informalidad urbana, (desde la distribución de la riqueza y la creación de empleo; la distribución desigual de la inversión realizada en el territorio; la falta de inversión en infraestructura y la sectorialización de la misma; el elevado precio del suelo urbano; la desregulación del mercado de suelo; las exigencias burocráticas para el acceso al crédito y financiamiento, o mismo para un alquiler; las particularidades del recurso suelo urbano, recurso muy escaso, no en términos absolutos, sino en términos comerciales), se puede ver que todos estos factores generan desequilibrios territoriales y diferentes condiciones de accesibilidad a una porción de suelo o a una vivienda.

Por detrás de esto, entran en juego las interrelaciones entre los diversos actores sociales, quienes desarrollan distintas estrategias a la hora de intervenir en la cuestión urbana y pujan por legitimar su postura. De este modo, van configurando el espacio evidenciado en cuestiones visibles, como el caso de una vivienda o una villa, o en cuestiones intangibles como la conformación de un determinado valor para un determinado espacio, o el desarrollo de una legislación que permita y legitime ciertos procesos de producción del hábitat y no otros.

Por otra parte, el aumento del precio del suelo urbano deriva en la periferización del territorio, situación que contribuye a fomentar el crecimiento urbano ineficiente. La existencia de amplias zonas "urbanas" con escasez de suelo servido contribuye, de esta forma, a retroalimentar el círculo de especulación, debilidad del financiamiento público y la informalidad urbana.[1]

De allí que un actor central sea el Estado (en sus tres niveles), que tuvo y tiene un papel fundamental en la conformación de la informalidad a través de la formulación e implementación de políticas públicas, mediante los “permisos”, sea por acción u omisión. Dentro del contexto mencionado, la intervención parcial y desarticulada del Estado, el aumento del suelo urbano para construcción, el aumento de alquileres y otros factores derivaron en restricciones en el acceso a la tierra urbana para la población de menores ingresos, llevando a la existencia de un mercado ilegal e informal de tierra. La necesidad de acceso al suelo y a la vivienda, determinada por la incapacidad de acceder al mercado de tierras por los mecanismos formales, ya sea por falta de ingresos o por no juntar los requisitos que éste exige, deriva en un proceso de acciones colectivas caracterizado por ocupaciones de terrenos urbanos en situación legal litigiosa o de propiedad pública.

La intervención del Estado juega un rol determinante para motorizar la producción habitacional y facilitar el acceso a condiciones habitacionales adecuadas, mediante inversiones en recursos públicos, obras, regulaciones y normativas. Es el Estado quien debe participar activamente en el mercado de suelo como un agente fundamental para recuperar y redistribuir los beneficios; regular y controlar la expansión y reducir los impactos de la creciente fractura socio-territorial[i].

El acceso al suelo urbano, pues, se define mediante el precio de la tierra, el régimen legal de propiedad y normas estatales que regulan el funcionamiento del mercado de tierras urbano y periurbano, es decir la legislación sobre ordenamiento territorial, regulaciones en cuanto a usos, densidades permitidas, etc.

La cuestión ambiental en la informalidad urbana

La problemática informal en sí se expresa no sólo por el déficit habitacional, que se traduce en ocupaciones de suelo con condiciones NO urbanas, sino también por los flujos migratorios que recibe el área (sobre todo de países limítrofes, provincias vecinas, habitantes desplazados de otras urbanizaciones más precarias, etc., en búsqueda de fuentes de trabajo y mejores condiciones de vida), la calidad habitacional, reflejada en viviendas precarias con bajo porcentaje de cobertura de equipamientos y servicios urbanos, y la dificultad de gestión que configura la combinación de dichos factores.

Todo este escenario, originado por el déficit habitacional, acarrea un gran riesgo ambiental para la población que recurre a esta “solución”. Dentro de los impactos, se puede mencionar que al estar los mismos situados en terrenos no consolidados, con un alto déficit en lo que respecta a la cobertura de servicios básicos necesarios para el funcionamiento de las actividades humanas, propicia e incrementa las condiciones de insalubridad.

A partir de ello, se detecta que las principales problemáticas que posee la cuestión de la informalidad urbana son variadas y de diferentes escalas, siendo unas de las más graves, la del acceso a una vivienda en condiciones de habitabildad. A continuación, un sintético listado de ellas:

1) ACUMULACIÓN DE RESIDUOS


Fotografías tomadas por la autora. Diciembre 2014


La recolección de residuos suele ser inexistente, por lo que los vecinos deben recurrir a quemarlos o depositarlos en las esquinas por mutuo acuerdo para la recolección informal de los mismos a través de carros. La acumulación de residuos, propicia el incremento de moscas y roedores, malos olores, suciedad en el espacio público y obstrucción de caminos.

2) DÉFICIT DE ESPACIOS PÚBLICOS RECREATIVOS

Ante la ausencia de plazas o espacios recreativos, la población suele recurrir al uso de pequeños espacios residuales, improvisando precariamente espacios libres para desarrollar actividades, mayormente canchas de fútbol.

3) HACINAMIENTO

Según los parámetros establecidos por la ONU-Hábitat, la presencia de más de tres (3) personas por habitación se considera fuera de los rangos para un ámbito de vivienda digno, condición que en la mayoría de los casos se supera.

4) PRECARIEDAD EN LOS SERVICIOS



- Agua potable: inseguridad en la calidad de la misma (extracción directa de las napas mediante bombas)

- Desagües: se vuelcan los efluentes de aguas servidas a pozos ciegos sin una construcción adecuada corriéndose el riesgo de infiltrar los efluentes a las napas contaminándolas.

- Electricidad: Conexiones irregulares, situaciones de baja tensión, cortes frecuentes.

Esta situación se traduce en la determinación de un nivel de NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) generalmente bastante elevado.

5) BAJA CALIDAD DE VIVIENDA



Los materiales para la construcción son precarios e inadecuados, pisos de tierra, desprotección ante los agentes climáticos, provisoriedad, en permanente construcción (siempre incompleta).

6) DIFICULTOSA ACCESIBILIDAD



Calles de tierra, ausencia de veredas, zanjas y pozos con agua acumulada, dificultan el acceso de personas, transporte público y vehículos de emergencia.

7) DESARTICULACIÓN DE LA TRAMA URBANA



Los barrios precarios se caracterizan por tener una ubicación periférica respecto al centro; discontinuidad de la trama; dificultad de acceso y distancia a equipamientos comunitarios y centros urbanos de significación; movilidad en relación al entorno restringida; y densidades urbanas que tienden a decrecer (baja ocupación del suelo), tornando más difícil de financiar la infraestructura básica. Las dificultades derivadas de habitar en terrenos ocupados en situación de precariedad habitacional y con desconexión al resto de la trama urbana del entorno son las principales causas que llevan a plantear y cuestionar el modo construcción de hábitat.


8) RIESGOS DE INUNDACIÓN

La ocupación de tierras de baja calidad ambiental –generalmente bajas e inundables–, la presencia de zanjas obstruidas, y la ausencia de desagües pluviales y de veredas tornan factible el anegamiento del sitio.

9) DÉFICIT DE EQUIPAMIENTOS

La ausencia de equipamientos para la salud y la educación dentro del barrio, y la localización fuera de los parámetros “estipulables” de área de cobertura acorde, sumado a la lejanía de los centros urbanos deja a la población distanciada de equipamientos comunitarios básicos.

La accesibilidad a servicios básicos urbanos es esencial para asegurar la calidad de vida de los ciudadanos. Una distribución equilibrada de estos servicios (escuelas, centros de salud, centros deportivos, etc.) permite a la población identificarse con su medio ambiente urbano, aumentando la cohesión social y la interrelación entre la ciudad y sus habitantes

10) IRREGULARIDAD EN LA TENENCIA DE LA TIERRA

La ocupación permanente de un sitio no implica la tenencia de la tierra, y mucho menos el dominio sobre la misma, lo cual deriva en una situación de ilegalidad e inseguridad jurídica para los ocupantes.

Habitar un espacio, aunque sea precariamente, da seguridad si permite la permanencia en el lugar, lo que otorga legitimidad y, en algún sentido, derechos sobre este espacio urbano. En la "ilegalidad" o la "extralegalidad" de las transacciones inmobiliarias no actúan agentes económicos típicos del mercado formal: lo que las caracteriza es su carácter "cara a cara”.

Tomando como antecedentes la implementación de políticas sectoriales y programas de mejoramiento de barrios que responden en términos de conveniencia a la “gestión de turno", se sustentan los beneficios de abordar la problemática mediante medidas integrales de “construcción de hábitat”, dado que un problema ambiental urbano es multidimensional e involucra diversidad de actores con intereses y posturas propias y a la vez disímiles. Lo expresado pretende servir de herramienta a tener en cuenta al momento de tratar las complejidades urbano-habitacionales que implican al hábitat en su totalidad.

La transformación del hábitat, debe ser progresiva y basarse de acciones sinérgicas y desarrolladas por los diversos actores involucrados. La estrategia a implementar es la urbanización inclusiva de la formalidad y la informalidad, lo que implica el reconocimiento de la estructura física y social del hábitat informal, reconociendo que quienes autoconstruyen y gestionan su hábitat deben ser también incluidos en la solución del conflicto.

[1] Extraido de la tesis de licenciatura “Instrumentos de Gestión y Planificación”, Valentini Micaela (2016); Universidad Nacional de Lanús.

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