La guerra silenciosa
- Carlos Alberto Aguirre
- hace 4 días
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Mientras Estados Unidos y China concentran su disputa en aranceles y semiconductores, el verdadero eje estratégico de la inteligencia artificial se juega en otro terreno: la energía. Capacidad eléctrica, costos y planificación a largo plazo explican por qué China parece haber tomado ventaja en la carrera tecnológica y productiva del siglo XXI

Por Carlos Alberto Aguirre
Muchos se están dejando llevar por la guerra comercial y geopolítica entre Estados Unidos y China. A lo largo de 2025, los aranceles y las narrativas impuestas por ambos mandatarios enfriaron la relación bilateral, mientras que EE. UU. logró que una parte significativa de las acciones de TikTok quedaran en el país, bajo control de la empresa ByteDance.
Sin embargo, detrás de esta batalla por los chips y los semiconductores -Nvidia, Taiwán y compañía- se oculta un factor clave del que poco se habla: la energía. La inteligencia artificial requiere electricidad. En este punto, muchos ven el árbol pero no el bosque. Fiel a su estilo, China se viene preparando desde hace años. Su red eléctrica alcanza los 3,9 teravatios, mientras que la de Estados Unidos ronda los 1,3 teravatios: es decir, China tiene casi tres veces más capacidad instalada. De hecho, entre 2010 y 2024 agregó más energía eléctrica que todos los países del mundo en conjunto.
Actualmente, China está construyendo 30 reactores nucleares, mientras que Estados Unidos no tiene ninguno en obra. Si se observa el costo energético, la diferencia es aún más clara: un data center en China paga alrededor de 3 centavos de dólar por kilovatio, mientras que en Virginia —uno de los principales polos tecnológicos de EE. UU.— el costo asciende a 9 centavos, es decir, el triple. Lo esencial para la IA no son únicamente los chips, sino la energía: la IA funciona con electricidad. En términos gráficos, los chips son el cerebro, pero la electricidad es la sangre que mantiene vivo el sistema.
Goldman Sachs proyecta que China contará con 400 gigavatios disponibles para 2030, el triple de la demanda mundial de IA estimada. En este contexto, empresas como OpenAI están comenzando a mirar hacia Argentina, no sólo por los altos costos energéticos en Estados Unidos. No se trata de un milagro del cambio político argentino, sino de condiciones estructurales: recursos disponibles, características geográficas y climas favorables.
Mientras Estados Unidos impone tarifas y se concentra en la disputa por los semiconductores, esta lógica también explica por qué considera estratégicos recursos como el petróleo venezolano.
Guo Taiming, más conocido como Terry Gou, fundador y ex presidente de Foxconn (Hon Hai Technology Group), una de las empresas clave de la cadena global de suministros electrónicos, sostiene que los aranceles impuestos al resto del mundo -incluida China- no lograrán que los empleos manufactureros regresen a Estados Unidos.
Según su análisis, el presidente Trump necesita negociar con China, ya que este país se ha convertido en la nación más exitosa del mundo en materia de fabricación, superando actualmente a Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Otro punto central de comparación es que China produce una cantidad significativamente mayor de energía destinada a su industria.
Gou argumenta que, para que Estados Unidos pueda recuperar una porción relevante del empleo industrial, necesita construir la infraestructura que China ya posee: conectividad, puertos, ferrocarriles de alta velocidad, carreteras y transporte fluvial interno. Además, debería duplicar al menos su capacidad energética y capacitar a su población en una ética de trabajo competitiva a escala global.
El siglo XXI será de quienes tengan la capacidad de almacenar y disponer de energía. China ya está construyendo la infraestructura del futuro. En el plano laboral, existe un análisis reciente de Dongsheng, publicado por el sinólogo Xulio Ríos, que profundiza esta cuestión, aunque excede el alcance de este texto.




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