Aleksandr Dugin, el multipolarismo y la disputa por el (des)orden internacional
- Juan Pablo Demaría Aguilar

- 18 nov
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Una mirada sintética al pensamiento político y geopolítico de Aleksandr Dugin, su crítica a la modernidad liberal, su defensa del eurasianismo y el alcance real de sus ideas en el escenario internacional y en Latinoamérica.

por Juan Pablo Demaría Aguilar
El pensamiento internacional tiene en Aleksandr Dugin a un exponente que trasciende sus fronteras nacionales. Proveniente de Rusia, es conocido más allá de este país como un ideólogo del gobierno ruso presidido por Vladimir Putin. También es visto como un crítico del gobierno ruso y se dice que del entorno más cercano al primer mandatario sospechan de sus ideas ultranacionalistas. Más allá de lo que se dice de Dugin, su filosofía política se arraiga en un tradicionalismo que cruza elementos de algunos pensamientos, su feroz crítica al liberalismo y a la modernidad occidental, y también en el eurasianismo desde lo filosófico y lo geopolítico. En este breve artículo realizaremos algunos comentarios a la filosofía política de Dugin en el marco del (des)orden internacional imperante y de modo acotado, en este escrito corto, expondremos acerca de su recepción en Latinoamérica.
Sobre las bases de su filosofía política, con respecto al tradicionalismo en cuanto al cruce de pensamientos, Dugin se enmarca en el movimiento del tradicionalismo perenne o integral influido por René Guénon que resalta el déficit del pensamiento metafísico y cuestiona duramente la modernidad como una época decadente regida por el materialismo. Otro autor que se enmarca en el tradicionalismo es Julius Evola que ante la modernidad igualitaria encumbra las civilizaciones sagradas, heroicas y jerárquicas. Desde lo planteado por estos pensadores, Dugin arguye que hay una tradición primordial con atributos sagrados, metafísicos y universales que los pueblos de la premodernidad representaban y que la modernidad se encargó de echar abajo.
En cuanto a la crítica feroz al liberalismo y a la modernidad, Dugin se opone al individualismo, a la razón instrumental y al economicismo que estos promueven dando lugar a la destrucción de lo tradicional. Así también el modernismo y el liberalismo desencadenan el nihilismo, la liquidación de la identidad y el ocaso de la espiritualidad.
Sobre el eurasianismo desde lo filosófico y lo geopolítico, Dugin recupera la idea de exiliados rusos luego de la revolución de 1917 planteando que Rusia pertenece a la civilización euroasiánica que no es la civilización europea ni la asiática. La civilización euroasiánica está basada en valores espirituales y tradicionales en oposición al individualismo y al materialismo propios de occidente.
La propuesta de Dugin en lo geopolítico consiste en la unidad euroasiánica que incluye Rusia y Asia central enmarcadas en un bloque continental en lucha contra el poder marítimo de occidente dominado por Estados Unidos y el Reino Unido. Dugin está a favor de una geopolítica multipolar donde no exista una sola gran potencia mundial, sino diversos polos civilizatorios como China, el sistema islámico, occidente, eurasia. Dugin promueve un antagonismo geopolítico estructural dado por la lucha entre las fuerzas de la tierra (eurasia) y las del mar (el occidente liberal, moderno). En este conflicto Rusia es la médula de las fuerzas de la tierra.
En uno de sus libros titulado “La cuarta teoría política” del año 2009 plantea que hay tres grandes ideologías en el pasado siglo XX: comunismo, fascismo y liberalismo. Dugin propone un cuarto camino donde tenga primacía la oposición al individualismo que es uno de los productos del liberalismo; el refuerzo a las identidades colectivas como el pueblo, la religión y la cultura; y un sistema multipolar donde no haya una hegemonía occidental y coexistan diversas civilizaciones.
Los planteos de Dugin, huelen a ideas expresadas por Carl Schmitt, Thomas Hobbes y Aristóteles. Con respecto al primero mencionado, en el pasado siglo XX este autor de origen alemán expresaba en uno de sus textos titulado “Tierra y mar” que “la historia universal es la historia de la lucha entre las potencias marítimas contra las terrestres y de las terrestres contra las marítimas”. Al respecto del segundo, el pensador inglés en su libro titulado “Leviatán” hablaba del monstruo marino, del mismo nombre que el título de su libro, al que se refería como un dios mortal capaz de infundir miedo sobre los hombres. Este monstruo poderoso y temible es quien gobierna las fuerzas acuáticas. En otro libro del mismo autor titulado “Behemoth” habló de la bestia del mismo nombre que el título de su libro. Esta bestia temible y poderosa es quien gobierna las fuerzas terrestres. Leviatán contra Behemoth. Las fuerzas de lo acuático contra las de lo terrestre y viceversa. A diferencia de Schmitt y de Dugin que eran continentales, Hobbes era insular, pero vivió cierto tiempo, en más de una oportunidad, en la Europa continental a causa de la libertad. Otra diferencia destacable entre el inglés y Dugin es que el primero le daba mayor importancia al individuo que a lo colectivo y para el ruso tiene mayor relevancia la colectividad que el individuo. Sobre el tercer filósofo mencionado, también puso el acento en la comunidad (las polis de la antigua Grecia) por sobre el individuo, lo que lo emparenta, salvando las distancias, con Dugin.
Volviendo a lo que expresamos en el primer párrafo, en cuanto a algunas ideas de la filosofía política de Dugin nos preguntamos ¿qué alcance tienen en lo que refiere a que hicieron pie en lo internacional en general y en Latinoamérica en particular algunas de sus ideas filosófico-políticas? En un (des)orden internacional donde cohabitan conflictivamente diversas culturas, civilizaciones, modos de vida, cosmovisiones, conversar y discutir con algunos de los planteos de Dugin que brevemente esbozamos invita a que hablemos de manera situada, desde Latinoamérica, región que habitamos.
Esta región es parte del (des)orden internacional, un elemento, entre otros, de ese conjunto, un universo dentro de ese pluriverso. Este último está cambiando de modo tal que por más semejanzas y diferencias que encontremos entre el actual y los anteriores tiene sus características propias. Aun así, hay algo en común con el vigente y los anteriores. Un substrato, algo que atraviesa, no sólo permanece en distintas épocas. Esto suena metafísico y hay algo de ello. Pero no todo puede reducirse a esa cosa que permanece a través de los cambios y a pesar de estos. ¿Somos conscientes realmente de que estamos en un cambio de época que se va profundizando cada vez más y en esto se producen acontecimientos que tienen algo de viejo y algo de nuevo, que no terminan de definirse por una cosa u otra?
Dugin en el (des)orden internacional y en Latinoamérica en particular
El autor ruso promueve un orden internacional multipolar en un mundo fragmentado cual rompecabezas con sus piezas dispersas. Intentar diseñar desde las ideas un sistema multipolar en lo mundial puede sonar utópico hoy en día. Cuánto de esto se ha intentado hacerlo real y sonó a utópico. Bastante se viene hablando de lo multipolar, de que vamos hacia un mundo multipolar en las relaciones internacionales. Se habla de ello en distintos lugares. Lo hablan intelectuales, dirigentes y referentes sociales y políticos. Más allá de dónde se hable de ello y de quiénes hablen de tal cosa, Dugin es uno que con esta idea llegó a distintas geografías.
En su texto “Fundamentos de geopolítica” del año 1997, elaboró su mirada de lo internacional presentando a Rusia en un rol de renovador de influencias mediante asociaciones y expansiones para poder confrontar a las fuerzas marítimas conducidas por Estados Unidos. Pensemos que en ese contexto Estados Unidos era el “gran hegemón” o líder de lo internacional. ¿Un contexto de unipolaridad del poder mundial? Respondiendo ligeramente sí. Sin embargo, la “Pax americana” versión década del noventa que promovió EEUU fue una paz endeble. Luego del derrumbe del muro de Berlín, el estallido social y político en Nicaragua fue parte de una etapa más en el proceso revolucionario del país latinoamericano. Más allá de la región, a mediados de los noventa el conflicto político de los Balcanes en Europa del este tuvo al país defensor de la libertad y la democracia en el mundo incentivando un conflicto hacia dentro un país, interviniendo en su política interna hasta apoyar una guerra civil que terminó por desmembrar a (la ya extinta) Yugoeslavia en distintos países. Con estos dos casos, por el momento alcanza para comprender la inconsistente “Pax americana”.
En cuanto a la influencia de las ideas de Dugin en lo internacional, este autor es visto como un exponente de la derecha mundial. Tanto en Europa como en Estados Unidos y también en Latinoamérica sus ideas se mueven en sectores anti-liberales, nacionalistas y tradicionalistas. Su influencia también dejó huella en movimientos que fomentan la multipolaridad mundial ante el orden liberal global conducido por Estados Unidos. Particularmente en Latinoamérica sus ideas resuenan en sectores nacionalistas por el hincapié que hace Dugin en cuestiones como la soberanía, la crítica al globalismo y la defensa de la civilización como eje político. Desde el punto de vista de este pensador, Latinoamérica tiene un papel estratégico en cuanto zona de conflicto entre el Atlantismo que abarca occidente, EEUU y el Eurasianismo que enmarca lo anti-occidental.
Dugin visitó países de la región como Argentina, Brasil, Chile, etc. Sus textos están traducidos al español y al portugués, y se mueven en sectores académicos y más allá de estos en círculos de pensamiento y discusión de ideas. En particular en Argentina hace unos años atrás, poco antes de la pandemia mundial de covid estuvo presente en el ámbito sindical con dirigentes y referentes del mismo.
Por su parte en México, su obra aparece en medios de comunicación y en redes sociales. Su pensamiento está asociado a lo alternativo más desde lo ideológico que desde lo político, es decir, se lo asocia a movimientos minoritarios de derecha, anti-liberales y del conservadurismo.
Algunas de las ideas de Dugin nos sirven para seguir pensando el (des)orden internacional en curso y su relación con la región latinoamericana. Un autor que no hizo mella profunda en ella a pesar de la recepción de sus textos en determinados círculos (minoritarios) intelectuales, académicos, políticos, sindicales. Un pensador portador de un eclecticismo que lo hace interesante más para pensar las cuestiones esbozadas que para ver cómo usar sus ideas en la proyección y realización de políticas reales.




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