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Brasil eligió a Lula por cuarta vez: su incidencia en Argentina

hace 4 días
6 min de lectura

La reelección de Lula da Silva abre una nueva etapa para la relación entre Brasil y Argentina, marcada por las tensiones ideológicas entre sus gobiernos y la importancia estratégica de sus vínculos comerciales. La recomposición del diálogo bilateral será clave para preservar los intereses económicos y profundizar la integración regional.

por Juan Pablo Demaría Aguilar



Lula la dio vuelta

 

El domingo 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta en Brasil con el 51,8% de los votos, contra el 48,2% de Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. A los 80 años, Lula será presidente por cuarta vez, algo que nunca había ocurrido en la historia del país. El resultado sorprendió porque casi todo indicaba lo contrario. Tres semanas antes, en la primera vuelta, Flávio había quedado primero con el 47% contra el 45% de Lula. Y en la víspera del balotaje, las principales encuestadoras brasileñas, como Datafolha, Quaest y AtlasIntel, le daban una ventaja de uno o dos puntos a Flávio Bolsonaro.


Las encuestas volvieron a fallar. Y no por primera vez en este mismo proceso: antes de la primera vuelta, los sondeos ubicaban a Lula adelante, y fue Bolsonaro quien ganó. En el segundo turno pasó exactamente al revés. Seamos justos: casi todos esos estudios hablaban de "empate técnico", porque las diferencias estaban dentro del margen de error. Pero la gente no lee márgenes de error; lee quién va ganando. Y en las dos vueltas, la foto que mostraron los sondeos no coincidió con lo que pasó en las urnas. Cada vez más gente decide su voto en los últimos días, no atiende el celular o no le dice la verdad a un encuestador. Medir eso es cada vez más difícil, en Brasil y en todas partes. Pero más allá de quién acertó, la pregunta que importa para los argentinos es otra: ¿qué significa este resultado para nosotros?

   

El vecino que no se elige o el hermano que nos toca

 

Para entender por qué una elección en Brasil nos toca de cerca, alcanza con mirar el comercio. Entre enero y agosto de 2026, la Argentina le vendió a Brasil productos por unos 8.570 millones de dólares, casi el 13% de todo lo que exportó. Brasil es el principal comprador de bienes argentinos. En el mismo período le compramos por unos 10.600 millones. Sumadas ambas cosas, el intercambio supera los 19.000 millones de dólares en apenas ocho meses.


El otro gran socio es China, que en esos meses nos vendió más de 11.200 millones de dólares y es el principal origen de lo que importamos. Brasil y China se disputan el primer puesto mes a mes; en septiembre, por ejemplo, China quedó arriba. Pero en el acumulado del año, Brasil sigue siendo el socio número uno de la Argentina.


Detrás de esas cifras hay cosas muy concretas. Buena parte de los autos que se fabrican en el país terminan en Brasil, y muchas de sus piezas vienen de allá, es decir, las dos industrias automotrices funcionan casi como una sola. Brasil compra trigo y otros alimentos argentinos, y nos vende maquinaria, insumos industriales y productos de consumo. A eso se suman el turismo, el transporte de cargas y la vida cotidiana de las provincias de frontera.


Por eso esta relación va más allá de los gobiernos. Es una relación entre Estados, pero sobre todo entre empresas, trabajadores y comerciantes que dependen unos de otros. Una fábrica en Córdoba o en San Pablo no cierra porque cambie el presidente del país vecino.

En ese sentido, el triunfo de Lula significa continuidad. No habrá un giro brusco en la economía brasileña ni en sus reglas de comercio. Lo que sí queda en suspenso es la agenda que el gobierno argentino esperaba acelerar con Flávio Bolsonaro, es decir, una apertura más rápida del Mercosur y menos aranceles. Con Lula, ese camino quizá sea más lento y más negociado.

 

La apuesta que salió mal

 

En lo político, el resultado tiene un perdedor claro fuera de Brasil. Hablamos de Javier Milei. El presidente argentino no ocultó su preferencia. En junio viajó a San Pablo para participar del acto del Partido Liberal que oficializó la candidatura de Flávio Bolsonaro, y desde allí pidió a los brasileños que lo votaran. Después de la primera vuelta, lo felicitó públicamente como "querido amigo" y llamó "comunista" a Lula. Días antes del balotaje fue más lejos, pues lo trató de "zurdo ladrón" y dijo esperar que no se robara la elección.


No es habitual que un presidente tome partido de forma tan abierta en la elección de un país vecino. La tradición diplomática aconseja prudencia, porque gane quien gane, hay que seguir trabajando juntos. Aunque tampoco es un pecado exclusivo de Milei: en 2023, durante la campaña argentina, Lula también dejó ver su preferencia por Sergio Massa. El domingo, la apuesta salió mal. Tras conocerse el resultado, Milei evitó saludar a Lula. La situación se complicó porque Flávio Bolsonaro anunció que pedirá anular la elección por supuesto fraude, y en el entorno presidencial admitieron que eso los deja en una posición difícil.


Dentro del propio gobierno hay quienes ven un costado positivo: con Lula en Brasilia, Milei seguiría siendo el principal aliado de Donald Trump en Sudamérica. La oposición, en cambio, celebró el resultado y ya lo lee en clave de las elecciones argentinas de 2027.

 

Dos países sin embajadores: lo imprudente de un lado, lo drástico del otro

 

Todo esto ocurre con la relación bilateral en su peor momento en décadas. Las fricciones vienen de lejos, pero se agravaron este año. En enero, después de que Milei difundiera un video que vinculaba a Lula con Nicolás Maduro, Brasil dejó de representar los intereses argentinos en Venezuela. El quiebre llegó en agosto. Tras el acto de San Pablo, Milei siguió atacando a Lula en entrevistas, con calificativos como "corrupto" y "presidiario". El 4 de agosto, Brasil retiró a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y pidió que el embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, volviera al país. Desde entonces, ninguno de los dos tiene embajador en la capital del otro.


La relación quedó reducida a "encargados de negocios", es decir, diplomáticos de menor rango que mantienen abiertas las embajadas, pero sin el peso político de un embajador. No es una ruptura, pero es lo más cerca que se puede estar de una sin cortar los lazos. La Cancillería argentina lamentó la decisión, la calificó de unilateral y aclaró que no buscaría romper relaciones. ¿Por qué importa esto para el ciudadano común? Porque un embajador no es un adorno. Es quien abre puertas, destraba conflictos comerciales, prepara visitas y acuerdos, y atiende a las empresas que tienen problemas del otro lado de la frontera. Sin embajadores, todo eso sigue ocurriendo, pero más lento y con menos respaldo político.

 

Lo que viene no está lleno de incertidumbre

 

Lula gobernará Brasil cuatro años más. Milei, por mandato establecido en la Constitución nacional tiene que estar en la Casa Rosada hasta el 10 de diciembre de 2027. Durante ese tiempo, les guste o no, tendrán que convivir. Los presidentes pasan; la geografía y el comercio quedan. Argentina y Brasil comparten frontera, Mercosur, cadenas productivas y múltiples, y diversos vínculos que no dependen de lo que se diga en actos de campaña o en las redes sociales.


La pregunta es si los dos gobiernos sabrán separar sus diferencias ideológicas de los intereses de sus países. Reponer a los embajadores sería una primera señal. Seguir en la trinchera tiene un costo que no pagan los presidentes, sino las empresas, los trabajadores y las economías regionales que viven de los intercambios bilaterales. Brasil ya votó y eligió por cuarta vez a Lula. Ahora le toca a la política, de un lado y del otro, demostrar que la relación más importante de la Argentina es más grande que cualquier pelea personal.


La victoria de Lula, la cuarta, por segunda vez de manera consecutiva, es la victoria de un pueblo, de sus mayorías, que por más mínima que haya sido la diferencia que le sacó a su rival fue la de la esa victoria que ayuda a mantener alta la esperanza en Brasil, en Argentina, en la relación bilateral entre dos países hermanos y en la unidad e integración regional. Lugares comunes en los que caemos en el análisis, pero que como tales nos motivan a no perder la esperanza ni el realismo. El cuarto gobierno todavía no empieza. Veremos cómo actúa una vez que comience a gobernar en las relaciones tanto bilateral con Argentina como con los demás países de la región ALC (América Latina Caribe) y más allá de esta. Brasil sigue siendo un jugador regional y mundial.

 

Fuentes:


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