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El vecino indispensable: Vaca Muerta y la industria petroquímica también necesitan a Brasil y a Lula

hace 3 días
6 min de lectura

La expansión de Vaca Muerta encuentra en Brasil un mercado estratégico para el gas y el GLP argentinos. La integración energética bilateral, impulsada por la demanda brasileña y la política de Lula, abre oportunidades industriales y geopolíticas para ambos países.

por Sacha Bellicoso


Vaca Muerta ha transformado radicalmente la posición energética de Argentina. El país pasó de ser un importador neto de energía a convertirse, hacia fines de esta década, en un exportador de petróleo que supera a México y Venezuela.[1] Sin embargo, este éxito no se explica únicamente por el potencial del yacimiento neuquino. Brasil y la figura de Lula da Silva son actores ineludibles en esta historia.

 

El mercado brasileño: destino prioritario del GLP argentino

 

El 70% del gas licuado de petróleo (GLP) que Argentina exporta por vía marítima tiene como destino la región. Brasil concentra 50 puntos porcentuales de esas exportaciones, mientras que Chile, Perú y Uruguay suman el 20% restante. Durante el último año, las importaciones brasileñas de origen argentino superaron a las estadounidenses, que hasta entonces dominaban el mercado.

 

Esta conquista de mercado no es casualidad. La competitividad argentina, respaldada por una logística eficiente y mejoras sostenidas en la producción, ha jugado un rol central. Pero también han incidido factores geopolíticos de peso. Las importaciones de GLP estadounidense hacia Brasil se desplomaron desde su pico en 2024, en gran medida por la injerencia de Donald Trump en la política brasileña durante 2025. El entonces presidente estadounidense cuestionó la condena a prisión del ex presidente Jair Bolsonaro, sancionó a políticos y jueces brasileños, e impuso una guerra arancelaria que demandaba concesiones comerciales y políticas de gran magnitud. Las acusaciones de "caza de brujas" contra los Bolsonaros, la negativa de visas a diplomáticos brasileños y aranceles que llegaron al 50% (con constantes vaivenes según el estado de las relaciones bilaterales o decisiones de la corte suprema estadounidense) empujaron a Brasil a diversificar sus fuentes de abastecimiento.

 

El gobierno de Lula, por su parte, respondió con firmeza: condena diplomática y sanciones recíprocas en materia arancelaria y de visados. Este escenario allanó el camino para que Argentina reemplazara gran parte de la oferta estadounidense en el mercado brasileño.

 

"Gas para el pueblo": un programa que multiplica la demanda

 

El programa "Gas para el Pueblo" implementado por el gobierno de Lula ha incrementado notablemente la demanda de GLP. Brasil es uno de los principales mercados de consumo de este combustible en la región, con 140 millones de garrafas en circulación. La expectativa es que ese número crezca gracias al programa, que subsidia la adquisición de garrafas nuevas para hogares de menores ingresos. Con ventas anuales que rondan los 400 millones de cargas de garrafas, se proyecta un crecimiento adicional del 7 al 8%.[2]

 

El potencial petroquímico de Vaca Muerta

 

El gas y el petróleo extraídos en Vaca Muerta son ricos en líquidos como butano, propano, etano y gasolina natural. Argentina posee un potencial de producción de 60 millones de toneladas anuales de GNL, considerando reservas de 300 Tcf de gas natural y un rendimiento de 200 toneladas de líquidos por cada millón de metro cúbico producido. El GLP, mezcla de butano y propano, es el producto estrella, pero el etano también abre oportunidades significativas.

 

La empresa petroquímica brasileña Braskem ya ha evaluado las ventajas de utilizar propano y etano de Vaca Muerta en su cadena productiva. Los estudios técnicos realizados arrojaron una ventaja competitiva de US$ 110 dólares por tonelada frente a la nafta petroquímica que utiliza actualmente.[3]

 

Infraestructura y primeros pasos concretos

 

TotalEnergies y Ámbar Energía, del gigante brasileño J&F, concretaron la primera exportación de prueba de gas natural de Vaca Muerta hacia la central termoeléctrica de Uruguaiana, a través del Gasoducto del Mercosur. Esta operación piloto trasciende el mero abastecimiento de la planta de Ámbar: permite corroborar la viabilidad de llegar al cinturón industrial de Porto Alegre y al de San Pablo mediante una futura extensión del ducto.

 

Se trata de una obra de algo más de 550 kilómetros que debería construirse del lado brasileño, además de las adecuaciones de potencia necesarias en territorio argentino. Esta futura extensión daría continuidad al Gasoducto del Mercosur, existente desde fines de los 90, que transporta gas natural desde Aldea Brasilera (al sur de Paraná, en Entre Ríos) hasta Uruguaiana. Con 421 kilómetros de longitud y una capacidad de 15 MMm3/día, la licencia de operación de este gasoducto tiene vigencia hasta diciembre de 2027, con posibilidad de extenderla por 20 años adicionales bajo los nuevos términos de la Ley de Bases.

 

La Central Térmica Uruguaiana (CTU), con 640 MW de capacidad instalada, es un activo estratégico para la integración energética regional. Esta planta de ciclo combinado, la más importante del sur de Brasil y la primera diseñada para operar con gas importado, requiere un suministro constante de hasta 2,8 millones de m³/día para funcionar a plena carga.[4]

 

Las declaraciones de los actores involucrados reflejan el optimismo en el sector:

 

 «Este contrato con Total representa una garantía de suministro para nuestra central termoeléctrica en Uruguaiana. Poder abastecer la planta con gas argentino, que es competitivo y está físicamente cerca, nos permite dar una respuesta rápida a las necesidades del sistema eléctrico brasileño, especialmente en momentos de baja hidraulicidad», afirmó Rodrigo Senne, Business Development de Ámbar Energía.[4]

 

«Vemos esto como el inicio de una relación a largo plazo. La integración energética entre Argentina y Brasil ya no es un proyecto a futuro, está ocurriendo hoy. El gas de Vaca Muerta es la pieza que faltaba para darle estabilidad al polo industrial del sur de Brasil», indicó el representante de Ámbar Energía.[4]

 

La geopolítica como factor clave

 

El gas argentino es fundamental para la industria y la población brasileña, pero los mercados vecinos son igualmente cruciales para Vaca Muerta. El transporte por gasoducto siempre será más competitivo que la exportación de GNL por barco a Asia o Europa, y no hay en la región un mercado con mayor demanda que el brasileño. La industria brasileña mantiene una capacidad ociosa del orden del 40% debido a la disminución de volúmenes desde Bolivia y los consiguientes precios más elevados del gas. En medio del auge de Vaca Muerta, el gas boliviano se agota.[5]

 

Sin embargo, el rol de Vaca Muerta en Brasil no puede entenderse únicamente con la lógica de mercado. Sin la promoción de la industria y el consumo popular impulsada por el gobierno de Lula, sin la obra pública que llevó adelante, la expansión de las exportaciones de gas argentino no habría sido tan rápida. Sin la voluntad de Lula de plantarse ante los embates de Donald Trump, las importaciones de gas estadounidense probablemente seguirían dominando el mercado brasileño. El escenario alternativo, con un presidente alineado con Trump —como el propio Jair Bolsonaro, hoy preso por otros motivos—, habría sido muy distinto. Menos de dos puntos porcentuales de diferencia en las elecciones de 2022 podrían haber derivado en un mercado petrolero y gasífero brasileño dominado por Estados Unidos, con obras clave sin concretar. El mismo riesgo se cierne sobre las próximas elecciones si ganara el hijo del ex presidente y golpista frustrado.

 

Desafíos pendientes: la integración tarifaria

 

Aún hay numerosas cuestiones por resolver en este aspecto de la relación bilateral. Se requieren obras para expandir los gasoductos hacia Brasil y la región, garantizando un abastecimiento constante y confiable. También es necesario integrar el esquema tarifario regional.

 

Marcello Weydt, director de Gas del Ministerio de Minas y Energía de Brasil, señaló que desde la perspectiva brasileña,

 

«el mayor desafío es la integración tarifaria, porque si lo analizamos ya estamos integrados, ya tenemos puntos de conexión, y realizamos inversiones, pero lo que impide esta multiplicación es entrar en este círculo virtuoso de la integración tarifaria».[5]

 

Weydt explicó que su gobierno busca alcanzar un acuerdo con Argentina para elaborar un tratado que establezca reglas claras en materia tarifaria y operativa. Los costos de tarifas y transporte en ambos lados de la frontera son enormes: solamente del lado brasileño, las tarifas de transporte y distribución agregan 4 dólares por millón de metros cúbicos al costo del gas.

 

El escenario político reciente ha complicado estos avances. Argentina viene de tres años de un gobierno nacional que no realizó obra pública, que apoyó abiertamente a los Bolsonaro y a Donald Trump, y que antagoniza innecesariamente al gobierno brasileño. Destrabar esta relación y avanzar en sincronía hacia la integración energética requerirá, en mi opinión, que haya gobiernos en ambos países unidos en esta visión. El primer paso para ello es que Lula sea reelegido en las elecciones de octubre.

 

 

Referencias

 

 

 

 

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