Un motor nuclear para el acercamiento argentino-brasileño
Argentina y Brasil tienen la oportunidad de transformar décadas de cooperación en una verdadera integración estratégica. El desarrollo nuclear y el proyecto CAREM-25 pueden convertirse en el motor de una alianza tecnológica e industrial capaz de ampliar la autonomía regional.

por Francisco Muraglia
En las últimas dos décadas, Brasil se ha posicionado como un objeto de estudio para quienes analizan el ascenso de los Estados dentro del Sistema Internacional hacia un rango de “Potencia Media” por fuera de la caracterización propia de la lógica atlantista. La política exterior formulada desde Itamaraty se proyecta como un reflejo de las políticas de Estado esbozadas en Planalto, el objetivo que se deja entrever en cada movimiento brasileño apunta hacia conceptos muy claros de independencia, autonomía y soberanía.
Brasil ha comprendido de forma muy temprana que es preciso desarrollar sus capacidades de poder internas para ampliar los márgenes de autonomía que ofrece un sistema internacional todavía estructurado en torno a importantes asimetrías de poder, su osadía temprana se traduce en capacidad para negociar en una condición de igualdad relativa con las Grandes Potencias del Sistema.
Ahora bien, este análisis de situación nos dirige a una serie de debates que se dan en el campo nacional, ¿Cómo repercute este grado de autonomía brasileña en la Argentina?, ¿Acaso es conveniente un Brasil subordinado a intereses foráneos para que la Argentina lidere la región? La respuesta a esta primera controversia será respondida a lo largo de este escrito con foco en el inmenso potencial que tiene un acercamiento real entre estos dos países, profundizando por sobre el mero entendimiento político y, apuntando a un grado de cooperación que permita aprovechar las ventajas que cada uno desarrolló individualmente durante años; mientras que la solución a la segunda incógnita de decantará como resultado natural de la primera respuesta.
Nueva lógica global: ¿La región se adaptará?
El elevadísimo grado de competitividad del Sistema Internacional que inaugura el segundo cuarto del siglo XXI conduce a los Estados – y los conjuntos de ellos – a abandonar una lógica cegada que equipara el volumen de intercambio comercial con la prosperidad y los obliga a concebir la capacidad productiva-industrial como condición sine qua non de dicho bienestar. Los grandes competidores como la República Popular China, los Estados Unidos y la Unión Europa hacen hincapié en el desarrollo de ecosistemas industriales, tecnológicos y financieros capaces de generar innovación, controlar sectores estratégicos y asegurar autonomía frente a un entorno cada vez más incierto. Ellos compiten mediante subsidios, inversión pública, desarrollo tecnológico y planificación estratégica; mientras que quienes parten de una posición más aletargada, como las Potencias Medias, deben desarrollar sus capacidades propias y buscar asociaciones regionales que multipliquen sus aptitudes frente a la feroz competencia.
El principal instrumento con el que cuenta la región para acoplarse a la lógica reinante es el Mercosur, y su motor es Brasil. Siguiendo en esta tesis, según la cual los Estados en niveles intermedios con afán de grandeza precisan la asociación con países cercanos que contribuyan a los objetivos de autonomía y desarrollo soberano, si la Argentina desea escalar en el Sistema Internacional y elevar su cuota de poder – por ende, su capacidad decisoria soberana – necesita un Brasil fuerte y comprometido con el Mercosur, pero dicho convencimiento debe reflejarse en la Casa Rosada y el Palacio San Martín.
La economía brasileña se diferencia en gran medida de las de sus vecinos de la región por su base industrial relativamente diversificada, contando con un elevado grado de desarrollo en sectores de alta complejidad cómodo aeronáutico y defensa (Embraer), una integración vertical notable en el rubro de hidrocarburos (Petrobras), una importante participación estatal y capacidades avanzadas en distintos segmentos del ciclo del combustible nuclear con empresas nacionales (Electronuclear, ENBPar, INB, etc.), y un avance innovador en la agroindustria mediante cooperación público-privada que se canaliza mediante Embrapa; a su vez destina financiación y asesoramiento a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Brasil, como se puede evidenciar a lo largo de su historia reciente, mantiene una tradición de política industrial que concibe al Estado como promotor de las capacidades productiva y no como un mero regulador del mercado, menos aún como un estorbo que debe ceder todo al control privado extranjero.
Por su parte la Argentina ha atravesado vaivenes en su posicionamiento respecto al rol del Estado, siendo la situación actual la de abandono más profundo en relación a su labor en materia de promoción y desarrollo industrial. Pero Buenos Aires es quien tiene la potencialidad de verse más beneficiado por una gran política regional brasileña, la cual trasciende su condición de principal socio comercial, sino que únicamente desde Brasilia se puede impulsar la creación de “cadenas regionales de valor” (CRV) que compitan internacionalmente dada su escala económica, tecnológica e institucional. Frente a la reorganización productiva global, ningún país sudamericano dispone de todas las condiciones ni recursos para desarrollar ecosistemas completos e integrados en sectores estratégicos. Cooperar con Brasil es la única manera de emplear las ventajas comparativas existentes y las décadas de trabajo dedicado a ciertas industrias para alcanzar un grado de complejidad económica de escala que permitiría distribuir especializaciones productivas y generar un polo de poder en el Sur que opere en una dinámica de suma positiva. Esto es inalcanzable de manera aislada, sólo es posible con un presidente comprometido con la integración de lógica soberana en Planalto y con visión de estadista en la Casa Rosada – se precisa continuidad y cambio, respectivamente –.
Energía nuclear: el CAREM-25 como proyecto estratégico binacional
La característica fundamental del desarrollo del sector nuclear radica en la seguridad energética, el avance tecnológico y la autonomía estratégica; tres factores que Argentina y Brasil comprendieron a la perfección mucho tiempo atrás, pero se limitaron a mantener sus interacciones en este rubro al campo del control mutuo y los acuerdos ligados al uso pacifico del átomo, más no a diseñar planes conjuntos que potencien sus capacidades desde la colaboración. Ambos países poseen décadas de experiencia, instituciones especializadas y una trayectoria excepcional de cooperación. El desafío consiste ahora en transformar ese capital acumulado en proyectos de escala regional, puesto que la etapa de generación de confianza mutua ya fue concretada exitosamente, ahora se debe dar el salto a la escala industrial.
En este sentido, el CAREM-25 podría convertirse en un modelo de cooperación bilateral. El reactor modular argentino es producto de décadas de inversión estatal en materia de ingeniería, diseño y desarrollo tecnológico que, sin embargo, enfrenta dificultades para atravesar los cuellos de botella financieros e industriales necesarios para alcanzar su concreción. Una eventual participación brasileña podría estructurarse mediante mecanismos de financiamiento conjunto, adquisición anticipada de unidades, codesarrollo tecnológico o participación industrial.
A pesar de que la soberanía energética –así como tecnológica asociada al desarrollo de la misma– responde a una necesidad estratégica, no se puede obviar la necesidad de hacer rentables está clase de proyectos; allí es donde la escala puede obrar como un reductor de costos totales. El consumo energético brasileño cuadruplica al argentino, demandando 570 TWh contra 142 TWh[1]; claramente está diferencia se fundamenta en el volumen poblacional 4,5 veces mayor del primero en relación al segundo Estado, aunque su consumo per cápita es prácticamente idéntico. La matriz de abastecimiento carioca depende en buena medida de fuentes hidroeléctricas y tan solo un 3% del total producido proviene de centrales nucleares, pero el desarrollo de SMRs en zonas aisladas resulta ideal en el marco de una proyección off-grid pensada para su región Noroeste[2], así como en los polos industriales cercanos a la cuenca del río San Francisco[3].
Brasil dispone de una importante infraestructura metalmecánica pesada que podría complementar las capacidades en la fabricación de determinados componentes, sumado al desarrollo de CNEA e INVAP, el resultado sería una cadena de suministro binacional en la que cada país se especialice en aquellos segmentos donde posee mayores capacidades relativas.
El intercambio de material nuclear entre ambos países se desarrolla bajo los mecanismos bilaterales de salvaguardias y control establecidos en el marco de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) y, dicho comercio, resulta fundamental para el funcionamiento de los reactores de Atucha I y Embalse, dado que Brasil cuenta con la tecnología y la infraestructura en las instalaciones de las Indústrias Nucleares do Brasil (INB) para enriquecer este mineral de forma industrial y con capacidad de exportación masiva. Por su parte, Argentina se destaca en la fabricación de componentes nucleares de alto valor como tubos de Zircaloy, shield plugs, anillos de sello de cavidad, entre otros; esto a través de empresas estatales y mixtas como INVAP, Nucleoeléctrica Argentina (NASA) o CONUAR.
El factor humano es basal en todo proyecto que requiera de un know-how tan específico y complejo, es por eso que la triangulación entre la industrias, centros educativos y empresas medianas de proximidad que provean bienes y servicios es la piedra angular de todo gran desarrollo con miras estratégicas. El sector nuclear depende de una masa de profesionales altamente especializados con años de formación en inversión estatal en la formación de sus capacidades, dicho talento debe ser retenido para el provecho del Estado a partir de condiciones laborales competitivas. Un consorcio tecnológico binacional tiene la capacidad de generar dichos incentivos como subproducto de un aumento en la rentabilidad de dichos proyectos, sólo con la permanencia de las mentes brillantes de nuestra región se puede pensar una política energética soberana.
El avance de la industria nuclear debe ser la base fundante de la cooperación argentina-brasileña porque cumple con todos los requisitos necesarios para considerar a una política de Estado como política soberana, puesto que brinda autonomía energética, reduce la dependencia en actores lejanos al integrar cadenas regionales de valor en un sector altamente competitivo y fomenta el desarrollo de capacidades locales destinadas a profesionalizar aún más a las poblaciones de nuestros países. Las bases diplomáticas ya fueron dispuestas décadas atrás alrededor de la ABACC, ahora resta elevar un mero vínculo comercial-transaccional a una integración estratégica entre aliados históricos.
La oportunidad, sin embargo, requiere una condición política: continuidad estratégica en Brasil y una redefinición de la política argentina hacia la integración regional. Si el objetivo es transformar la cooperación existente en una verdadera política industrial binacional, Brasil necesita preservar un liderazgo comprometido con la integración sudamericana dentro del marco del Mercosur y Argentina precisa recuperar una visión estratégica de su relación con el principal socio de la región. En ese sentido, la continuidad del liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva ofrece una condicionalidad política más favorable para profundizar esta agenda, mientras que Buenos Aires enfrenta el desafío de definir si quiere acompañar ese proceso o permanecer al margen de una transformación que puede determinar la posición internacional de ambos países.
Referencias.
[2] Assia, V., Sabundjian, G., & Fang, O. S. K. (2024). Preliminary risk analysis for the installation of small modular reactors in energy-deficient regions of Brazil. Brazilian Journal of Radiation Sciences, 12(1). doi.org
[3] Alcântara e Alves, V. E., Sarney, D. J. L., Mesquita, A. Z., Baliza, A. R., & Almeida, V. F. de. (2024, 6–10 de mayo). Should Brazil Invest in Small Modular Reactors? [Presentación de artículo]. International Nuclear Atlantic Conference (INAC 2024), Escola de Guerra Naval, Río de Janeiro, Brasil. https://inac2024.aben.org.br/files/final/23649.pdf





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