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Lula y su campaña por la cuarta presidencia

Con Lula en campaña por una cuarta presidencia, Brasil vuelve a ocupar el centro del escenario político sudamericano. Entre la disputa con el bolsonarismo, las tensiones con Washington y el deterioro del vínculo con Argentina, el liderazgo brasileño enfrenta el desafío de combinar intereses nacionales con integración regional.

por Juan Pablo Demaría Aguilar


Se largó la campaña presidencial en Brasil y Lula Da Silva va por su cuarta presidencia. Un escenario electoral donde la figura del actual presidente se agiganta compitiendo no sólo contra actores de la política interna, sino también de la exterior. El bolsonarismo en la interior, el trumpismo en la exterior. Un escenario que se tiñe de una figura oficialista que avanza con mucha fuerza, con una trayectoria que lo avala. Lula fue presidente en dos períodos de manera consecutiva. Heredero de un programa con tintes democrático-liberales por un lado y socialdemócratas por otro, y hacedor de uno propio con reminiscencias varguistas.

 

La primera presidencia del actual primer mandatario brasileño se dio en el marco de una región que retomaba las históricas banderas de unidad e integración regional que unos años antes las había enarbolado el movimiento conducido por Hugo Chávez en Venezuela. 1998 fue un año revolucionario. Despuntó la revolución bolivariana en Venezuela nutrida de tradiciones revolucionarias como la cubana y de otros trayectos geográficos e históricos.

 

Por otro lado, en ese mismo año caía la bolsa en Wall Street. El efecto mariposa se hacía sentir con estos dos acontecimientos. Este último se vincula con el efecto caipirinha y antes de este el efecto tequila. Acontecimientos económico-políticos y geopolíticos. En ALC (América Latina Caribe) hay que preguntarse si Brasil juega un rol hegemónico o asociacionista. Vayamos por partes.

 

Lula en campaña

 

En la coyuntura el escenario electoral muestra a un Lula con una fuerza que avanza a paso firme. Las redes y medios muestran lo que el jefe de estado brasileño hace más allá de estos. Está recorriendo el país como lo viene haciendo desde que inició su camino por transformar el Brasil desde fines de los setenta en el ya pasado siglo XX. Lo de ahora cuenta con un Lula octogenario con una vitalidad que no aparenta los años que lleva consigo, como si el paso del tiempo le fuera ajeno.

 

No es que Lula sea lo único que tiene el oficialismo para garantizar la continuidad de un proyecto nacional, sino que hay que preguntarse qué sucesión hay, qué dirigente puede suceder a Lula más allá de él. Su candidato es su pueblo. Visto desde Argentina, esto suena a “mi único heredero es el pueblo” que pregonaba Juan Domingo Perón en el siglo XX. Ahora habiendo pasado el primer cuarto de este siglo XXI, más de cincuenta años de lo que decía quien fue tres veces presidente de la Argentina, el candidato oficialista brasileño promueve algo semejante.

 

La imagen de Lula no sólo es grande en su país. Tres presidencias, la gestión y la conducción política lo avalan, también más allá de Brasil su imagen es la de un liderazgo que trasciende fronteras. Un liderazgo que inspira a pueblos, gobiernos, movimientos sociales en una región que hoy en día no cuenta con una narrativa conjunta de jefes de estado que favorezca, más allá de la retórica, a la unidad y la integración regional. ¿Quiénes quedan en esto? Lula y Claudia Shembaum lo declaman sin la fuerza suficiente en un contexto donde las condiciones no son propicias.

 

Por otro lado, están Milei, Katz, De la Espriella, Bukele. Dos lados, una misma región. Una bipolaridad con dos modelos que ninguno termina de cerrar. Parece que se agotan en el corto plazo. Atravesados por los intereses de las grandes potencias de lo internacional. El (des)orden internacional sigue en curso y en el mientras tanto Brasil como potencia regional tiene a un Lula que prioriza los intereses nacionales. Otra vez el realismo cobra fuerza en un escenario global propicio al refuerzo de retóricas propias del interés nacional.

 

Lula no es ajeno a ello y el eslogan de la campaña electoral Brasil está para más (Brasil pronto para mais) es una narrativa que tiene presente a lo nacional y la protección de sus intereses como su prioridad principal.

 

 

La campaña electoral en la política exterior

 

En cuanto a su política exterior, en el marco de la campaña electoral y más allá de ella, Lula promueve la cooperación con Türkiye en materia de defensa. Si bien esto data de unos años atrás, cobra importancia en la campaña. Por otro lado, continúa siendo parte de BRICS, aunque este no sea en la vorágine de la coyuntura electoral un tema de alta relevancia. No obstante, Türkiye conducida por Erdogan tiene intenciones de ser miembro pleno del bloque, pero por los intereses y tensiones entre este país y los demás miembros aún no logra serlo.

 

Por otro lado, Lula confronta explícitamente con el gobierno de Estados Unidos por el apoyo de este a la oposición. La discursividad del candidato oficialista confronta al jefe de estado y al secretario de estado de EEUU. La potencia mundial del norte occidental con la administración Trump intenta entorpecer la campaña del candidato oficialista. Pero, lo que es más, intenta recuperar hegemonía en ALC y por más relacionamiento entre EEUU y Brasil, el gobierno de Trump ve en su par a un contrincante que les pone obstáculos a sus intereses de tener en Brasil un próximo gobierno genuflexo que responda a estos.

 

Con relación a Argentina, en el mes de agosto, el gobierno brasileño decidió retirar su embajador Julio Bitelli debido a los agravios verbales del jefe de estado argentino a su par. Ante esta situación desde el ministerio de relaciones exteriores brasileño se solicitó al embajador argentino Daniel Raimondi que abandone la república federativa. Las relaciones internacionales entre Brasil y Argentina continúan, pero ahora degradadas. Un Lula en campaña en modo intenso sigue para adelante, aunque el gobierno argentino en curso no le dé su apoyo.

 

La campaña en la región

 

El rol de Brasil con la tercera presidencia en curso de Lula y ahora en campaña por la cuarta lleva a preguntarse si se trata de un rol asociacionista o uno hegemónico. Si se trata de un estado, el más grande en distintos aspectos (geográfica, demográfica, comercial, económica, industrial y políticamente) de ALC, que tenga y ejerza un papel donde este juegue en asociación estratégica con los demás países de la región o si en realidad se trata de un rol que no llega a ser del todo hegemónico, ya que si bien Brasil es la mayor potencia regional nunca ocupó un rol de esa índole.

 

Itamaraty nunca fue ni es Washington. El rol de este último fue hegemónico en un pasado reciente, luego de la caída del muro de Berlín. Sin embargo, con la administración Trump se reaviva la doctrina Monroe aggiornada a lo que va de este siglo. Por lo pronto, en lo que va de la campaña electoral de Lula su narrativa se centra en lo nacional en un vínculo estrecho con la territorialidad brasileña que la está recorriendo con el objetivo de ganar la contienda electoral y lograr la tan anhelada cuarta presidencia.

 

ALC no le es ajena a Lula, a pesar de que este contexto no es el más favorable para hacer campaña por la unidad y la integración regional. Aún así Lula sigue siendo un político, un dirigente que nunca ha dejado de bregar por la misma. Su historia que es también la de Brasil y la unidad e integración de ALC lo demuestran. Por lo pronto Lula continúa en campaña electoral ante un cuatro de octubre que está cada vez más cerca.



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