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Entre la autonomía y el alineamiento: la gran elección de Brasil

hace 3 días
7 min de lectura

Las elecciones brasileñas de 2026 se desarrollan en un escenario de reconfiguración del orden internacional y vuelven a poner en discusión el lugar de Brasil en la política mundial. La trayectoria de los gobiernos del PT, el giro del bolsonarismo y el retorno de Lula permiten observar dos concepciones diferentes sobre la inserción internacional del gigante sudamericano.

por Ramiro Mendoza Blasi


El siglo XXI se ha configurado como una época de crisis y transición, de ascensos y caída de actores y de una clara reconfiguración del Orden Mundial. Los Estados Unidos (EE.UU.), quien hasta finales del siglo pasado y principios de este supo ser la única y gran superpotencia hegemónica del mundo, se encuentran atravesando un paulatino proceso de caída, el cual ha forzado a replantear y reconfigurar su postura como superpotencia, a la par que actores como China, Rusia y otros van ascendiendo en lo que podríamos definir como una nueva “multipolaridad”. Es en línea con este contexto que las elecciones en Brasil no son unos meros comisión más, sino que supone se enmarcan dentro de un proceso de mayor envergadura, en el cual se discute (y disputa) que lugar ocupara Brasil en esta nueva multipolaridad. En este breve articulo veremos cuáles han sido principales ejes articuladores de política exterior brasileña desde inicios de este Siglo hasta la actualidad y trataremos de reflexionar que futuro deparar al “motor” de sudamerica.

 

El fin de los gobiernos del PT y la irrupción del bolsonarismo


El Brasil no fue ajeno a los cambios y transiciones que se vivieron a lo largos del primer cuarto del actual siglo, a decir verdad, el inicio de este se vio marcado por una ruptura en relación a los partidos gobernantes con la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia del gigante sudamericano en el 2003 de la mano del Partido de los Trabajadores (PT). Esta victoria supuso el inicio de 4 gobiernos consecutivos del PT en Brasil, años en los cuales se llevaría adelante reformas políticas, económicas y sociales al interior del país sumado a una reorientación de la política exterior del país, modificaciones reflejadas en la firma del Consenso de Buenos Aires (16/10/2003) entre Brasil y Argentina, la finalización de las negociación y caída de la propuesta de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en el 2005, así como el reforzamiento y transformación del MERCOSUR, la creación de la UNASUR, un mayor acercamiento con el continente africano, encontrando su puerto de desembarque en la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP). Pero el hito que refleja la apuesta más ambiciosa es la creación de los BRICS junto a Rusia, India, China y Sudáfrica, espacio que de manera paulatina se comenzó a perfilar como un polo capaz de irrumpir y cuestionar el orden mundial.


Todo este proceso de salida al mundo y apuesta por una reforma del orden mundial se vio frenada (de manera parcial) con la caída del PT y la posterior llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia. Recordemos que en 2016 la presidencia de Dilma Rousseff se ve finalizada por un proceso de impeachment para posteriormente ser destituida.


Pasado 2 años de la destitución de Rousseff se dan las elecciones en las que sale electo presidente Bolsonaro. La campaña electoral de este estuvo guiada por un discurso fuertemente anti comunista, anti globalista, negacionista del cambio climático y fuertemente conservadora, condenando los años de gobierno del PT y vinculándolos con las “dictaduras comunistas” de Cuba, Venezuela y Nicaragua, así como también condenando el Foro de Sao Paulo, espacio que, dentro de esta postura conservadora, se encargaba de traes y esparcir los males del comunismo en el Brasil.


En marcado de los anteriores ideales la política del bolsonarismo se centró en un principalmente en un acercamiento y alineamiento con los EE.UU. (donde se encontraba como presidente Donald Trump), de la mano con este se procedió a frenar el avance diplomático en África (retrayéndose inclusive), deteriorar las relaciones con diversas naciones y/o organismos internacionales y regionales como en el caso de Argentina y el MERCOSUR, o directamente se procedió a romper con otros como fue el caso de la UNASUR o las relaciones diplomáticas con Cuba, Venezuela y Nicaragua, a la par que se reforzó los vínculos con naciones que contaban con “democracias importantes” como Israel, EE.UU., Italia y Hungria.

Esas decisiones políticas tensionaron los vínculos entre el Palacio de Planalto (sede del Poder Ejecutivo del Brasil) y el Palacio Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil), esto debido a que desde Itamaraty entendían que el posicionamiento que llevaba adelante el ejecutivo respondía mas a cuestiones ideológicas que a resguardar y defender los intereses del Brasil. Las tensiones, tiras y pujes entre ambas partes marcaron la política exterior del país, así como también su inserción en el mundo, por momentos ganando Planalto (alineamiento con los EE.UU., acercamiento con Israel) y por momentos ganando Itamaraty (mantenimiento de las relaciones diplomáticas con China y seguir dentro de los BRICS+).


Frente a la apertura de espacios, foros y organismo internacionales y regionales, que el PT promovió, el bolsonarismo decidió dar fin a esto y priorizar el alineamiento, el reforzamiento de las relaciones bilaterales entre naciones y la sobre ideologización de la política.

 

El retorno de Lula y la vuelta al pargmatismo


Luego de unas reñidas y altamente polarizadas elecciones, en 2022 Lula da Silva venció en segunda vuelta a Jair Bolsonaro. El retorno del PT al palacio de Planalto supuso el fin de una política exterior de alineamiento y el retorno del pragmatismo y la autonomía como ejes centrales de la cancillería brasileña.


Este retornar se ha visto reflejado en una apuesta por el multilateralismo en un contexto de nueva multipolaridad. Esto explica el potenciamiento a espacios como el BRICS+, la revalorización reimpulso del MERCOSUR, la mayor preponderancia del “Sur Global” en la agenda diplomática del país. Sin embargo, este retorno no debe ser leído como una ruptura total de políticas anteriores, un ejemplo es el ingreso de Brasil en la OCDE, iniciado durante el 2022 (durante el gobierno de Bolsonaro), dicha candidatura continúa siendo trabajada y no se ha dado una marcha atrás sobre la misma.


Caso particular es el de las relaciones con los EE.UU., con quienes por momentos supo mantener relaciones cordiales y cooperativas, pero, y sobre todo los años de la nueva administración Trump, han mantenido relaciones más tensas y erráticas.


Si algo diferencia este tercer mandato de Lula de sus anteriores es el del rol que proyecta hacia el exterior. Habiendo aprendido de sus aciertos y desaciertos, las intenciones del actual ejecutivo es que el país sea un líder internacional en temas como el cuidado del medioambiente y desarrollo sostenible, poniendo sobre la meza su “misión” de proteger y cuidar el Amazonas, sumado al ocupar la presidencia de la COP30, cumbre desarrollada en la ciudad de Belém en noviembre del 2025. El propio desarrollo de esta cumbre sumado a las ausencias de figuras como Xi Jinping (China), Vladimir Putin (Rusia), así como también la ausencia de los EE.UU. que no enviaron ninguna delegación dieron un lugar preponderante a Brasil, permitiéndole posicionarse como un actor central en dicha materia.


Al anterior tópico, y retomando un poco lo antes nombrado, Brasil fortaleció sus relaciones con naciones como China, con quien si bien no había roto relaciones durante el mandato de Bolsonaro si podríamos decir que se enfriaron. Desde el inicio de esta nueva administración los vínculos con China se han fortalecido más todavía, convirtiendo a Brasil en, sino, el principal socio económico y comercial de la región.


A la par de esto se volvió a dar preponderancia a las relaciones con las naciones vecinas (Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Uruguay, entre otras) y a naciones del Sur Global. Respecto al Sur Global es destacable la introducción que el gigante sudamericano tuvo en el continente africano, siendo que durante los años de Bolsonaro se dio un recorte y cierre de varias embajadas y consulados, medida a la que se dio marcha atrás revitalizando los lazos entre ambos actores, lo cual derivo en que Brasil fuera invitado a cumbres de la Unión Africana, como un importante socio comercial, estrechando la cooperación entre ambos. Los vínculos del gigante luso con el continente africano no se limitan solo esto último, sino que también, junto a Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, forma parte de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP).

 

Alineamiento o Autonomía


El próximo 04 de Octubre en el marco de las elecciones presidenciales se definirá no solo la presidencia y los próximos cuatro años de gobierno, sino que se definirá que lugar ocupara el Brasil en la ya presente multipolaridad. Mientras Lula, el PT y sus aliados plantean que el país debe de ocupar un lugar de liderazgo a nivel regional como la principal economía de América Latina y una de las principales del mundo, a lo que suma el ideal de ser líder en áreas claves como el medio ambiente y su cuidado, a la par que es miembro de los BRICS+ y una de las voces que, junto a la India y Sudáfrica, más pujan por una reestructuración de la ONU y su Consejo de Seguridad, demandando que es necesario adaptar las instituciones internacionales al nuevo contexto global.


Frente a esto encontramos a quien sin lugar a dudas es el principal contrincante del PT, Flavio Bolsonaro, hijo del Ex presidente Jair Bolsonaro y de misma línea política, el cual plantea el retorno a un realineamiento con los EE.UU., mantiene un discurso similar al de su padre en términos del conservadurismo y anti comunista, es por eso que en este sentido lo que plantea esta derecha es la sumisión y alineamiento del país a los intereses norteamericanos, quienes, liderados nuevamente por Donald Trump, parecieran buscar establecer gobiernos afines en cada país de la región a fin de blindar lo que para ellos históricamente ha sido su zona de influencia, es así que en estas elecciones se decide por el alineamiento o el pragmatismo, la sumisión a intereses ajenos o la autonomía nacional.

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