Aprendizaje de la doctrina A2/AD y el modelo de asimetría iraní en la defensa nacional argentina
- Gonzalo Dinamarca
- 13 may
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La doctrina de defensa asimétrica y los sistemas A2/AD emergen como una alternativa estratégica para fortalecer la soberanía argentina en el Atlántico Sur frente a amenazas convencionales superiores.

por Gonzalo Dinamarca
La arquitectura de seguridad del siglo XXI ha transformado radicalmente la lógica del poder militar. Las grandes flotas de portaaviones y los ejércitos convencionales de la Guerra Fría han cedido terreno ante una nueva gramática estratégica: la capacidad de negar el acceso a un teatro de operaciones mediante sistemas asimétricos, precisos y de bajo costo relativo. Esta es la esencia de la doctrina Anti-Acceso y Denegación de Área (A2/AD), un paradigma que ha dejado de ser exclusivo de las superpotencias para convertirse en la hoja de ruta de las potencias medias que buscan preservar su soberanía frente a actores militarmente superiores.
En este contexto, la República Islámica de Irán ha desarrollado en el Estrecho de Ormuz un modelo de defensa asimétrica que merece la atención rigurosa de los planificadores estratégicos argentinos. Con un litoral de más de 4.700 kilómetros, una Zona Económica Exclusiva (ZEE) que abarca cerca de un millón de kilómetros cuadrados y una disputa territorial irresuelta sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, en el marco de la ocupación de alrededor del 25% del territorio nacional por el Reino Unido —una potencia colonial—, la Argentina se enfrenta a desafíos de soberanía marítima que no pueden resolverse con los enfoques doctrinarios del pasado. La pregunta nodal no es si Argentina puede replicar parte del modelo iraní en el Atlántico Sur, sino en qué medida la adaptación inteligente de sus principios puede transformar la postura defensiva del país.
La tesis que sostiene este artículo es que la adopción de una estrategia A2/AD, adaptada a la geografía austral y construida sobre la base de la producción nacional de tecnología de Defensa, representa la única vía realista y financieramente viable para que Argentina recupere una capacidad disuasoria creíble en el corto y mediano plazo. El modelo iraní no es un manual de instrucciones, sino un espejo estratégico que revela lo que es posible cuando una nación decide combinar ingenio técnico con voluntad política.
La lógica asimétrica como ecualizador estratégico
El principio fundacional de la doctrina A2/AD descansa en una premisa contraintuitiva: no es necesaria la paridad tecnológica o numérica para disuadir a un adversario superior. Basta con que el costo de su intervención resulte políticamente inaceptable y militarmente prohibitivo (Karako y Williams, 2017). Esta aritmética del intercambio explica por qué Irán, con un presupuesto de defensa incomparablemente menor al de Estados Unidos, ha logrado mantener durante décadas una postura disuasoria efectiva en el Golfo Pérsico y en el actual conflicto —Operación “Furia Épica” de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciada el 28 de febrero de 2026— en Oriente Medio.
El mecanismo central es la saturación: enjambres de lanchas rápidas, misiles antibuque de mediano alcance y drones de bajo costo tienen la capacidad de agotar los sistemas de defensa de embarcaciones de alto valor. Cuando un dron de 5.000 dólares fuerza al adversario a emplear un misil interceptor de dos millones de dólares, la relación costo-beneficio se invierte completamente en favor del defensor. Un portaaviones de la clase Gerald R. Ford, cuyo costo supera los 13.000 millones de dólares, puede verse neutralizado operativamente —la neutralización operativa no implica necesariamente su hundimiento; significa inhabilitar su capacidad de lanzar aeronaves, gestionar el espacio aéreo o escoltar a su grupo de batalla por un tiempo prolongado— por una combinación de plataformas asimétricas cuyo costo total representa una fracción mínima de ese valor (CSIS, 2024).
Para Argentina, esta lógica es estratégicamente liberadora. En lugar de competir en una carrera de armamentos que su economía no puede sostener, el país puede construir una arquitectura de disuasión basada en densidad de medios menores, misiles costeros y redes de sensores. El concepto conocido como "estrategia de erizo" o porcupine strategy, aplicado exitosamente por Taiwán y Vietnam, sugiere que cuarenta naves pequeñas armadas con misiles son más disuasorias y resilientes que dos fragatas de 500 millones de dólares cada una (Pettyjohn y Wasser, 2022). Esta no es una concesión a la debilidad, sino la arquitectura racional de quien entiende que la guerra moderna se gana elevando el costo de agresión, no igualando el porte del adversario.
La geografía como multiplicador de fuerza
Irán ha demostrado que la geografía puede transformarse en el arma más poderosa de la defensa asimétrica. El Estrecho de Ormuz, con apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto, es el "cuello de botella" que multiplica el efecto de cada misil, cada mina y cada lancha rápida desplegada en sus aguas. Argentina posee su propio conjunto de cuellos de botella estratégicos cuyo potencial defensivo permanece subutilizado.
El Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake constituyen los pivotes australes del poder marítimo mundial. Con el aumento de las tensiones en los canales artificiales de Panamá y Suez, estos corredores naturales recuperan una relevancia geopolítica que trasciende el interés regional (Maestri y Comini, 2022). Desde la Isla Grande de Tierra del Fuego, baterías móviles de misiles Exocet MM40[1] repotenciados, Naval Strike Missile (NSM)[2], y/o RBS-15 Mk3/4 Gungnir[3] que podrían crear zonas de exclusión de hasta 70 kilómetros de radio, transformando el acceso al Drake en una variable controlada por la Defensa argentina. Estas baterías, dispersadas en la gigantesca geografía patagónica y reposicionadas permanentemente, representan blancos virtualmente indetectables para ataques de precisión enemigos, siguiendo la táctica iraní de "disparar y esconderse".
La "Milla 201" —el límite exterior de la ZEE— constituye el frente de batalla más cotidiano y económicamente relevante: la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) por barcos principalmente de China, Corea del Sur, Taiwán y España. La denegación de área en este espacio no requiere necesariamente de buques de guerra: una red de drones de gran autonomía (MALE) con sensores ópticos y radar puede proporcionar la vigilancia persistente que permita a las corbetas Meko 140 modernizadas interceptar buques en flagrante infracción (Ministerio de Defensa, 2024). El costo operativo de un dron[1] [2] es una fracción del de un destructor, mientras que su capacidad de cobertura geográfica resulta comparablemente superior. A su vez, la Isla de los Estados —ubicado al este de la Isla Grande de Tierra del Fuego, separado de ésta por el Estrecho de Le Maire— funciona como un portaaviones natural desde el cual puestos de guerra electrónica e inteligencia de señales (SIGINT) permitirían monitorear los movimientos de flotas extranjeras en el Atlántico Sur, otorgando a Argentina una ventaja informacional insustituible.
La soberanía tecnológica como condición de posibilidad
Ninguna estrategia A2/AD es viable si el "sistema nervioso" de la defensa —radares, comunicaciones y software de guiado— depende de terceros países que pueden imponer restricciones en un momento de crisis. Esta es quizás la lección más profunda del modelo iraní: la soberanía tecnológica no es un lujo para grandes potencias, sino una condición de supervivencia para las medianas. Cuando las regulaciones de un gobierno externo pueden "apagar" remotamente los sistemas de armas de una nación, la independencia política es una ilusión.
Argentina posee, a pesar de las oscilaciones del financiamiento público, un ecosistema de Defensa con capacidades genuinamente notables. INVAP ha desarrollado el sistema SIRAF (Sistema de Radar para la Defensa de Fronteras), que integra radar activo en banda X, sensores SIGINT y capacidades de interferencia electrónica, todo ello libre de las regulaciones ITAR[4] que Washington podría utilizar políticamente en un escenario de conflicto (INVAP, 2025). Este sistema representa exactamente el "cerebro soberano" que debe animar cualquier arquitectura A2/AD argentina: si el adversario no puede apagarlo desde el exterior, tampoco puede neutralizarlo en la primera fase de un conflicto.
De igual forma, el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF) ha logrado avances sustanciales en la repotenciación de los misiles Exocet MM38 y MM40. La actualización de estos vectores con propulsores sólidos de producción nacional y nuevos sistemas de guiado extiende su vida útil y reduce su vulnerabilidad a las contramedidas electrónicas enemigas (Escudé y Cisneros, 2022). Combinados con las corbetas Meko 140 modernizadas y el sistema de drones RUAS-160 —desarrollado por INVAP en colaboración con la empresa argentina Cicare para operar desde cubiertas de buques pequeños—, estos proyectos conforman los pilares de una red de denegación de área que Argentina podría desplegar en los próximos años con inversiones moderadas y sostenidas.
La reciente incorporación de 24 cazas F-16 AM/BM daneses aporta un nodo de alta velocidad a esta arquitectura. Su función principal en la estrategia de disuasión no debe ser la superioridad aérea ofensiva —para la cual presentan limitaciones frente al sistema Sky Sabre británico desplegado en Malvinas—, sino la de interceptor y plataforma de lanzamiento para misiles antibuque modernos en la periferia de la ZEE, actuando en conjunto con los aviones de patrulla marítima P-3C Orion. La integración mediante el SITADE[5] —comunicación digital que permite a aviones, barcos y tanques "hablar" entre sí en tiempo real compartiendo datos tácticos de forma segura.— permitirá que los F-16 reciban datos de blancos detectados por drones o radares costeros, realizando ataques que permanecen "ciegos" para el adversario hasta el último instante y cerrando el ciclo de la red A2/AD.
Conclusión
La doctrina A2/AD no propone que Argentina aspire a la paridad militar con potencias globales, sino que construya una arquitectura de disuasión donde la agresión resulte prohibitivamente costosa para cualquier actor racional.
El modelo iraní en el Estrecho de Ormuz demuestra que esta meta es alcanzable incluso en condiciones de inferioridad presupuestaria, siempre que se combinen tres factores: la explotación inteligente de la geografía, el aprovechamiento de ventajas asimétricas y la soberanía sobre los sistemas tecnológicos de defensa. Argentina reúne las condiciones para articular estos tres factores en una sola doctrina.
El camino converge en cuatro ejes estratégicos. Primero, adoptar la "estrategia de erizo": invertir en densidad de medios menores, drones y baterías costeras móviles antes que en plataformas de gran porte que concentran valor y riesgo. Segundo, activar los cuellos de botella australes —Magallanes, Drake, Isla de los Estados— como zonas de denegación efectiva. Tercero, profundizar la soberanía tecnológica mediante el financiamiento sostenido de INVAP y CITEDEF, organismos cuya continuidad no puede quedar sujeta a ciclos de ajuste presupuestario. Y cuarto, integrar todos los componentes en una red de mando, control, comunicaciones e inteligencia (C4I) que garantice conciencia situacional permanente del Atlántico Sur.
La "Disuasión Inteligente" no es un eslogan de campaña; es la respuesta racional de una nación que comprende sus limitaciones y decide convertirlas en ventajas estratégicas. El mar argentino es soberano no cuando la Armada exhibe los mayores buques, sino cuando el adversario más poderoso sabe que el costo de cruzar esa línea es inaceptable. Esa convicción, respaldada por tecnología nacional, geografía inteligente y doctrina asimétrica, es la verdadera disuasión que el Atlántico Sur demanda en el siglo XXI.
Referencias
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. (2024). Iran's next move: How to counter Tehran's multidomain punishment strategy. CSIS. https://www.csis.org
Escudé, C. y Cisneros, A. (2022). Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina (3.ª ed.). Grupo Editor Latinoamericano.
INVAP. (2025). Radares de vigilancia y control aéreo y terrestre de uso militar. https://www.invap.com.ar
[1] Actualmente en 2026, Argentina dispone de Exocet MM40 Block 1 (70-75km) en los destructores MEKO 360 y los Exocet MM38 en las corbetas MEKO 140. Sin embargo, el MM40 Block 3C (200 km y cuenta con motor turbojet) es el modelo deseado por la Armada para modernizar su capacidad disuasiva, pero actualmente solo figura como una aspiración técnica en los planes de reequipamiento a largo plazo. Son producidos por MBDA, que es una corporación multinacional europea, en la cual la propiedad se reparte entre los gigantes europeos de defensa: Airbus (Francia-Alemania), BAE Systems (Reino Unido) y Leonardo (Italia), lo que ha llevado a una relación compleja con Argentina.
[2] Producido por Kongsberg (Noruega), es considerado como el sucesor espiritual de la tecnología Exocet. Con un alcance de 180-200 km, tiene tecnología stealth, guiado por un sensor infrarrojo que reconoce la silueta del barco y es muy ligero, ideal para camiones pequeños o buques ligeros.
[3] El RBS-15 Mk3/4 Gungnir es producido por Saab (Suecia), llamado como el "Exocet del Norte", está diseñado para operar entre islas y entornos geográficos complejos. Alcanza más de 200-300 km y tiene una altísima resistencia a contramedidas electrónicas y capacidad de realizar trayectorias con múltiples puntos de giro.
[4] Las regulaciones ITAR (International Traffic in Arms Regulations) es un conjunto de normas de EE.UU. que controla la exportación de tecnología militar y de defensa. Su fin es proteger la seguridad nacional evitando que datos críticos, software o armas lleguen a manos no autorizadas.
[5] El SITADE (Sistema de Transmisión de Datos) es un protocolo de enlace de datos táctico (Data Link) desarrollado y utilizado específicamente por la Armada de la República Argentina (ARA). Aunque ofrece mayor independencia, tiene menor alcance y velocidad de datos comparado con Link 16 (EEUU/OTAN); no permite comunicarse con aliados extranjeros de forma nativa. Siendo, otra opción atractiva es el TIDLS de Suecia por su eficiencia e independencia.
No como sugerencia, sino como consulta: es correcta la castellanización del término “drone”? Soy consciente de que leíste muchísimo respecto al tema así que, por una cuestión de repetición del uso del término, habrás visto uno con más frecuencia que el otro (original en inglés o castellanizado)
el correcto para los textos en español seria "dron".




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